Ganar en Brasil equivale a hazaña. La historia así lo indica. No cualquiera puede imponerse en la tierra de los reyes del fútbol. Peñarol pasó años sin darse ese gusto. Pero valió la pena la espera.
Ganar en Brasil equivale a hazaña. La historia así lo indica. No cualquiera puede imponerse en la tierra de los reyes del fútbol. Peñarol pasó años sin darse ese gusto. Pero valió la pena la espera.
La última vez que los aurinegros habían ganado en Brasil fue en el grupo semifinal de 1982 cuando el equipo dirigido por Hugo Bagnulo derrotó a Flamengo en Maracaná 1-0 con golazo de Jair de tiro libre.
Casi 20 años pasaron desde aquella noche donde Gustavo Fernández se atajó la vida.
Peñarol formó con Fernández, Víctor Hugo Diogo, Nelson Gutiérrez, Walter Olivera, Juan Morales; Mario Saralegui, Miguel Bossio, Jair; Ernesto Vargas, Fernando Morena y Walkir Silva ingresando Venancio Ramos y Ricardo Ortiz.
En Flamengo jugaban Junior, Tita y Zico entre otros cracks. ¿Quiere coincidencias? Los cariocas venían de ser campeones de la edición 1981 de la Copa.
Inter, campeón defensor que ya se quedó sin corona, no perdía en su reducto desde 1993 por torneos internacionales. El 16 de marzo de 1993 lo venció Nacional de Medellín 1-0 y desde entonces no volvió a perder. Y además, ganó sus dos primeras Libertadores: 2006 y 2010.
Los hitos
Más allá de los 22 partidos que Peñarol pasó sin obtener triunfos en Brasil, los aurinegros tienen triunfos históricos en ese país.
En 1962 Peñarol le ganó al Santos de Pelé 3-2 en Vila Belmiro en la final. José Sacía hizo el primero y Alberto Spencer los dos restantes.
El partido fue escandaloso. El árbitro lo suspendió por una agresión sufrida y se vio forzado a reanudarlo y simular una victoria de Santos para que el público no arrasara con jueces y rivales.
Peñarol forzó así una tercera final (había perdido 2-1 en el Centenario) pero perdió en Argentina 3-0 ante un espléndido Pelé.
El año anterior el aurinegro visitó a Palmeiras en Pacaembú en la revancha de la final. No ganó, pero el empate a uno con gol de Sacía le permitió dar la vuelta olímpica en tierra norteña.
De aquel triunfo ante Santos también pasaron 20 años de sinsabores ante el poder brasileño. El maleficio no se rompió ante Flamengo sino antes en la serie, contra San Pablo. Un gol de Fernando Morena, cuando no, le permitió al carbonero asegurarse el pasaje a semis tras vencer 1-0 en el Morumbí. Después perdería ante Gremio 3-1 en Porto Alegre.
El equipo capitaneado por Hugo De León lo derrotaría al año siguiente en la final 2-1. Fue ese el inicio de una serie de reveses que incluyeron las goleadas de 6-2 de Inter, con Diego Aguirre, en octavos de final de 1989. O el vergonzoso 6-1 ante los suplentes de San Pablo, en la final de la Conmebol 1994.
Pero Peñarol siempre vuelve. Está escrito. En Pacaembú, en Vila Belmiro, en el Morumbí, en el Maracaná. Y ahora en Porto Alegre, en un estadio que será mundialista en 2014.
Con un enorme Sosa en vez de Gustavo Fernández, con la velocidad y eficacia de Spencer en los pies de Martinuccio. Con la cabeza de Olivera apareciendo como Morena. En las que duelen. A lo Peñarol.