El sueco Ulf, la copia idéntica de un brasileño llamado Garrincha
Se llama Ulf, es sueco, no tiene intimidad con el balón, pero por sus venas corre sangre azul de futbolista, de un futbolista brasileño conocido como Garrincha
"Ulf es todo él. Su rostro, la boca, la nariz. Es como mi padre era en vida", dijo hoy a EFE Rosángela, una de las diez hijas reconocidas por Garrincha, el "ángel de las piernas torcidas", el hombre que con sus regates endiablados dio dos títulos mundiales a Brasil en 1958 y 1962, y las mejores glorias al Botafogo.
Llegó a Río de Janeiro el lunes pasado en compañía de uno de sus cuatro hijos, Martin, de 16 años, con la intención de conocer su otra familia y pasar diez días de vacaciones en la ciudad que pudo haber sido su casa.
A su llegada a Río de Janeiro Ulf y Martin fueron recibidos por Rosángela y Marcia, dos de sus hermanas.
"Quedé tan emocionada al verle que no tuve palabras. Recuerdo que el intérprete me dijo que Ulf nos decía: lo mejor que me ha ocurrido es verlas aquí", expresó Rosángela, hija de Alcira, una de las tantas mujeres que amaron al considerado mejor punta de la historia del fútbol brasileño.
El sueco, que el 10 de febrero próximo cumplirá 46 años, pretende conocer esta semana a sus otras ocho hermanas. El encuentro será en Pau Grande, la tierra natal de Garrincha, vecina a Río de Janeiro.
Después planean caminar hasta el estadio "Mané Garrincha", y con varios vecinos jugar un partido de fútbol antes de entregarse a las delicias de una parrillada, preámbulo de lo que promete ser una gran fiesta familiar.
Desde su arribo a Río de Janeiro en compañía del joven Martin, el hijo sueco de Garrincha ha sido el centro de atenciones de los nostálgicos del fútbol.
"Hace muchos años sabía que él era grande. Pero sólo ahora me doy cuenta del tamaño de su grandeza", dijo.
"Pelé fue más completo. Mi padre, más fantástico", dijo Ulf ante una foto histórica de los dos ídolos.
Martin es jugador del Halmstad, uno de los más populares clubes de Suecia y por la forma de dominar el balón, da la sensación que tiene cadencia, talento. Bueno, no tanto como el que derrochaba su abuelo.
(EFE)