Al ingresar al Complejo deportivo que la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) tiene en la ruta 102, el visitante comienza a transitar por caminos que no suelen ser comunes en el fútbol uruguayo. Por la infraestructura que deslumbra y por la que está en proceso –una cancha techada–, por el excelente estado de los campos de juego, porque la naturaleza brinda un entorno especial y porque los jugadores que corren por esas canchas suelen ser lo más selecto del fútbol uruguayo con la perfección que recibieron en el exterior. Todo eso es bien uruguayo y uno de los tantos cambios que vivió la AUF tras la refundación de la celeste que se inició en el último lustro, que brinda la sensación de traspasar el umbral del tercer mundo al primero con tan solo cruzar un portón. Y es en ese escenario en el que la selección olímpica se prepara para defender el prestigio de Uruguay en los Juegos Olímpicos.
El Uruguay inmaduro y ansioso
Con el indisimulable nerviosismo que cargan los futbolistas sub 23 que representarán a la celeste en los Juegos Olímpicos de Londres y la falta de trabajo en equipo, el proceso se desarrolla contrarreloj y sin los futbolistas que actúan en el exterior