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El cocinero japonés Takehiro Ohno dio el giro radical de su vida cuando un día a mediados de la década de 1990, cocinando en el restorán Zuberoa de Guipúzcoa, llegó a la conclusión de que como chef japonés de comida vasca en el corazón del País Vasco no tenía un futuro demasiado prometedor.

Antes de eso, Ohno (entonces con 31 años) tenía una historia conectada tanto a la cocina nipona como a la de Euskadi. Expliquemos. Ohno nació en Hokkaido, la isla más al norte del archipiélago japonés, un lugar con una historia particular de inmigrantes de otras regiones de Japón que le legaron un amplio abanico culinario, más características naturales de esa isla: abundante tierra, para cultivar vegetales, y agua fría que rodea esa tierra fértil, desbordada de peces y sobre todo de mil especies de mariscos.

Como al egresar de sus estudios los jóvenes chefs en Japón necesitan un maestro, el destino quiso que Ohno tuviera a mano la opción menos pensada: Kogi Hokaya, el primer chef japonés especializado en comida vasca, formado con el popular Karlos Arguiñano. “Yo no elegí ser cocinero vasco. Fue el destino”, dijo.

Así, este tataranieto de tradicionales samuráis japoneses entró por primera vez en una cocina profesional en el restorán Vascu, de la ciudad de Hakodate, Hokkaido.

Luego viajó a perfeccionar su trabajo al País Vasco por dos años y lo contrataron en Zuberoa. Pero Ohno tenía hambre de otros horizontes y encima el destino le puso en su camino al chef argentino Fernando Trocca.

Este lo convenció de viajar al Río dela Plata. Arribó a Buenos Aires en 1996, y los “dorados noventas” lo llevaron a cocinar primero con Trocca, y luego en infartantes jornadas de veranos a Punta del Este. Ohno describió la cocina de Novecento, en La Barra, como “una batalla total”.

Hizo su familia en Argentina no sin que su historia influyera en algo (su esposa es descendiente de vascos y Ohno hace chistes al respecto) y tuvo dos hijos.

Luego de un regreso a Japón para seguir perfeccionándose y luego de varios años fuera de su país, a Ohno se le hizo cuesta arriba “volver a ser japonés” y entonces retornó a Argentina. Se vinculó al canal de cable Gourmet, donde colaboró con varios cocineros (entre ellos Narda Lepes), hasta que en 2008 tuvo su propio programa.

¿Por qué narrar con tanto detalle los vericuetos de su historia personal? Porque eso es lo que refleja Ohno en su trabajo.

El chef estará hoy en Montevideo para dar una charla gratuita en el Centro Cultural de España y mañana cocinará en el comienzo de un ciclo de cenas especiales en el Museo de Arte Precolombino e Indígena (MAPI), en Ciudad Vieja.

“Volver a Uruguay me da melancolía y sentimientos”, dijo Ohno a El Observador, notando que nunca estuvo en Montevideo.

Mañana en el MAPI Ohno desplegará su vida culinaria (País Vasco, Japón y Río de la Plata) en tres platos. La cena se abre con unos langostinos con pochada de calamares y crema de papa. El segundo plato es un salmón con salsa kabayaki y puerros asados y el cierre es un estofado de ojo de bife en cerveza y verduras. De postre: crema de frutas y queso de cabra. “Yo no hago fusión, cocino comida típica”, concluyó Ohno. Por información y reservas para la cena: Nicolás Fumía ().