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Si hay algo que consiguió Tabárez desde que desembarcó por segunda vez en 2006 en la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), fue imponer un estilo. El suyo. Admirado y cuestionado –muchas veces más cuestionado que admirado–, estableció los parámetros a partir de lo que considera es la concepción futbolística más apropiada para la historia del fútbol uruguayo. Así lo expresó en la última década, y en diferentes ocasiones ante los medios. Una forma que eligió porque consideraba estaba robustecida por los pilares de la centenaria Celeste, sin sentirse un esclavo de la historia.

El jueves en el Estadio, en el partido ante Argentina por las Eliminatorias, dibujó en la cancha lo que desarrolló durante la última década, después de desembarcar con un 4-3-3 en 2006, con el que había madurado y crecido en el fútbol internacional, pero con el que estrelló en las primeras de cambio cuando quedó otra vez al mando de la celeste en su primer torneo oficial, la Copa América 2007.

Aquella propuesta que para los folclóricos futboleros es la expresión más pura del fútbol, fue para el entrenador de la selección el final de una etapa de su carrera, para empezar a transitar con una propuesta más conservadora un camino diferente.

A la vista y a los ojos del futbolero, el 4-3-3 resume fútbol-espectáculo. Sin embargo, en el Complejo de la AUF descubrió que el camino era otro con un 4-4-2 que resume, para Uruguay, el fútbol-resultado. Equilibrio, seguridad, lo que se transforma en resultados, por ejemplo en haber asistido a los dos últimos mundiales y estar en camino hacia el tercero consecutivo, como no sucedía desde hace medio siglo.
Ese 4-4-2 con jugadores disciplinados y adoctrinados para defender, como ante Argentina, y como en tantos partidos, se transformó en el escudo de vigencia del proyecto del entrenador.

El empate ante Argentina dejó gusto a poco para el hincha. Sin embargo, en la selección lo recibieron como una buena recompensa en ese análisis que realizaron a partir de que el objetivo de Tabárez no es ganar las Eliminatorias sino clasificar al Mundial. Están a punto de conseguirlo, porque por delante queda Paraguay, un selección con la que Uruguay no pierde desde hace una década y en las dos últimas fechas con selecciones eliminadas.

Por esa razón ayer, en la mañana siguiente al 0-0 con Argentina, la actividad en el Complejo de la AUF sirvió para descubrir la felicidad de los jugadores por el punto del jueves y porque miran el cierre de las Eliminatorias con la convicción y la esperanza de llegar a Rusia 2018, porque futbolísticamente Uruguay se acercó a la mejor versión de 2010 en la forma, con un equipo muy aplicado tácticamente, ordenado, efectivo, que se alimentará con las genialidades de las figuras de turno: antes Forlán, ahora Suárez y Cavani.

El funcionamiento fue la gran recompensa para los jugadores, incluso cuando los hinchas esperaban ver a otro Uruguay, protagonista con la pelota en los pies, una versión impensada bajo la égida de Tabárez.

La alegría de Tabárez, la sonrisa de Suárez, el pulgar para arriba de Cavani, sirven para graficar el momento de Uruguay en el cierre de las Eliminatorias. Incluso cuando Uruguay no está clasificado y se encuentra en ese acordeón de siete selecciones que buscan tres plazas y media para llegar al Mundial. Están convencidos que van por buen camino.
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