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Se imaginan este diálogo: “¿Dónde vivís?” “En Forlán, entre Suárez y Cavani”. Suena extraño, pero no lo será tanto si la Junta departamental de Cerro Largo acepta la solicitud de los vecinos de Lago Merín de ponerle a las calles del balneario los nombres de los jugadores de la selección uruguaya que participó en Sudáfrica 2010, así como la alcaldía de la ciudad suiza de Bienne decidió que una de sus calles lleve el nombre del astro del tenis Roger Federer.

En esa ciudad, Roger se entrenó durante buena parte de su época junior en el club Swiss Tennis. Queda a 50 minutos de distancia de Münchenstein, donde se crió el ex número uno.

La idea de incluir en la nomenclatura de las ciudades nombres de deportistas famosos no es una novedad. En Tarariras, departamento de Colonia, hay una calle que se llama Obdulio Jacinto Varela, el capitán del Maracanazo.

En el barrio del Prado en Montevideo existe la arteria José Nasazzi y en Maroñas se encuentra otra con el nombre de José Piendibene.

En Buenos Aires, en el barrio Nueva Pompeya, a pocas cuadras del club Huracán donde jugaba, se homenajea al futbolista Herminio Masantonio con una calle. También tiene la suya el gran ídolo de Independiente, Ricardo Bochini. Otras dos calles porteñas rinden homenaje a boxeadores: a Justo Suárez, el Torito de Mataderos, donde se encuentra el estadio del club Nueva Chicago, y Óscar Bonavena, en Nueva Pompeya, a pesar de que el deportista era oriundo de Parque de los Patricios. En su barrio lo recuerda un monumento sobre la avenida Caseros.

En Azuqueca de Henares, un municipio de Castilla-La Mancha, 13 deportistas españoles quedarán grabados en los nombres de sus arterias; entre ellos Rafael Nadal (tenis), Marta Domínguez (atletismo), Miguel Indurain (ciclismo) y Alfredo Di Stéfano (fútbol).

Es más: en Coquimbo, Chile, hay una calle que lleva el nombre de Nicolás Leoz, presidente de la Conmebol.