Durante treinta años, en Mercedes existió una banda de pop-rock muy famosa en la región llamada Fantasía, que arrancaba gritos de admiración a las jóvenes, lagrimones a las señoras y daba de comer a sus músicos.
Durante treinta años, en Mercedes existió una banda de pop-rock muy famosa en la región llamada Fantasía, que arrancaba gritos de admiración a las jóvenes, lagrimones a las señoras y daba de comer a sus músicos.
“Cuando uno aprende a tocar un poco, se da cuenta de que levantar a una multitud y lograr que haga lo que a vos se te antoje es cuestión de conocer unas técnicas muy básicas y no tiene ningún mérito. Si es cumbia, rock o música clásica, los elementos son más o menos los mismos. El mérito está en encontrar el viaje de la música hacia adentro”, asegura.
La idea es que los músicos que vengan no estén un rato y desaparezcan, sino que compartan unos días. Por eso es un encuentro, no un festival”, dice Lucía Chilibroste, una de las organizadoras. Casi la mitad de los músicos invitados pidió que se les postergara la fecha de sus pasajes de vuelta.
A las 20 horas empiezan los toques callejeros en la peatonal del centro y duran una hora. La música va subiendo a medida que se pone el sol y se prenden las luces de la calle.
Frente a una casa –donde durante el año funciona la Escuela de Jazz a la Calle, que tiene 80 alumnos becados– una banda está tocando swing.
Sentados en el piso, un grupo de niños mira con atención, otros bailan y unas señoras, que una hora antes pusieron sus reposeras en puntos estratégicos, aplauden cada solo.
A dos cuadras, Macarena, una niña de siete años con síndrome de down, corre hacia otro de los escenarios improvisados, donde los músicos están haciendo latin jazz, y en medio del tema le pide por señas al baterista que se mueva de su banco y la deje tocar. Al instante el batero acata la orden y la banda sostiene durante siete minutos los ritmos de la percusionista.
Conocerse tocando
Los músicos de estos toques son elegidos al azar, entre todos los anotados, por la organización del evento apenas un rato antes de las 20. Se les pide que no intenten tocar solo con sus amigos y que no usen ese espacio para mostrar sus propios temas, sino que saquen temas del Real Book y les den su toque, con la comunicación que solo puede surgir del lenguaje musical.
“Ayer éramos dos argentinos, dos brasileros y un uruguayo. Parecíamos el quinteto Mercosur, y nos entendimos perfecto”, dice el saxofonista Patricio Bottcher, de Hernán Cassibba Quinteto, banda que tocará el sábado en el escenario principal.
Manzana 20
Los recitales centrales son todas las noches a las 22 en el espacio Manzana 20, frente a la rambla, con entrada gratis.
El escenario es amplio y el sonido estuvo perfectamente cuidado cada noche. “Gracias a los organizadores de este encuentro maravilloso, y especiales gracias a los técnicos, el sonido de Jazz a la Calle es de nivel universal”, dijo Nora Sanmoria, compositora argentina de la Orquesta Sudamericana.
El escenario se puede ver desde las mesas instaladas por bolichitos con diversos menúes, o desde un terreno de pasto en bajada que va hasta el escenario, donde cientos de adultos y niños se sientan en el suelo o en sus reposeras y el respeto por quien toca es total. Además, en los recovecos del lugar exponen artistas plásticos regionales, luthiers y artesanos varios.