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Este 2012 quedará guardado en la memoria como “el año en que vino Paul McCartney”. Lo que al principio podría ser una idea casi irrealizable se hizo realidad en abril y el país vivió la beatlemanía como si estuviéramos aún en la década de 1960.

La llegada de McCartney no solo reafirma esa frase que se ha repetido hasta el hartazgo (eso de que “se puso a Uruguay en el mapa musical”), sino que pasó algo más importante: para aquellos que no lo habían visto antes en su vida, fue cumplir un sueño.

El show se vivió como un verdadero evento popular. Mientras que algunos pudieron acceder a las escasas entradas que se pusieron a la venta en su web, otros se encontraron con largas colas en los locales de Abitab. Las más de 50 mil localidades se vendieron en el día, y los revendedores no demoraron en colocar sus tiques en cifras astronómicas.

Por su parte, McCartney cumplió las amplias expectativas previas con creces, con un show de casi dos horas y media donde no faltaron sus éxitos de sus épocas de solista y junto a sus compañeros de Liverpool.

El público no necesitaba mucho para caer en sus encantos; sin embargo sus gritos a Suárez y sus pequeñas anécdotas que presentaban canciones fueron los detalles que más color dieron a la noche.

Sin embargo, eso no fue lo único que vimos este año. Otras visitas extranjeras y festivales dieron un color extra a la ciudad durante todos estos meses.

Los locales
Los festivales siempre son una buena excusa para asistir a una interesante variedad de música en un solo lugar. Este año ya fue cerrado a todo nivel con Jaime Roos, Rubén Rada y Buitres de la mano de ANTEL y Nokia. Estos tres artistas no solo representan la identidad musical uruguaya, sino que lograron convocar a casi 35 mil personas. No es menor destacar que este show llevó al mismo escenario a Roos y a Rada. Ahora resta esperar que ambos vuelvan a colaborar musicalmente.

Por otra parte, el festival Primavera Cero trajo a dos grandes nombres de la música: Café Tacuba y Garbage, dos bandas que claramente apostaron a diferentes públicos pero que ambos a su manera lograron rememorar la música que se generó en la década de 1990 y que sigue con inusitada vigencia hasta hoy.

Los que agotaron
Dos de los artistas favoritos argentinos llegaron a la ciudad celebrando sus respectivas carreras.

Charly García con su show 60x60 tuvo al Teatro de Verano –y también sus zonas aledañas– a sus pies. Este show mostró a un Charly que dominó los teclados, y aunque se movió con dificultad y ayudado de un asistente, también dominó el escenario. En su caso, nada le puede ganar a un repertorio tan prolífico.

Si de canciones se trata, Fito Páez puso sobre el escenario uno de sus más importantes cancioneros: El amor después del amor. Celebrando sus 20 años, Páez interpretó el disco por entero, en orden y con sus arreglos originales. No faltaron los homenajes a Luis Alberto Spinetta y las presencias de Andrés Calamaro, Celeste Carballo y Fabiana Cantilo en las pantallas gigantes. El amor después del amor tuvo la nostalgia a flor de piel.

Las visitas extranjeras siguieron con Norah Jones. Su show tuvo bastante expectativa –se confirmó con meses de antelación– y el público sucumbió ante los dulces encantos de la voz más moderna del jazz con crecientes tintes pop. El Teatro de Verano en completo silencio disfrutó cada uno de sus hits, mientras que la simpatía de Jones y los gritos del público causaron varias risas.

Marc Anthony por su parte fue uno de los reyes del año. Llenó el estadio Charrúa y, meses después, llevó 25.000 personas en el Estadio Centenario junto a Chayanne. Otro que conquistó a su público y llenó el estadio Charrúa fue Ricardo Arjona.

Entre los destacados también aparecen Gilberto Santa Rosa y Eliades Ochoa, leyenda del Buena Vista Social Club.

El metal dijo presente
Con tres shows inolvidables, 2012 también fue un gran año para los fans del hard rock y el metal, obviamente complementado por la pulsante escena under que recibió a varios exponentes destacados.

Sepultura –ya sin sus miembros fundadores, los hermanos Max e Igor Cavalera– se presentó en dos fechas en La Trastienda, presentando su más reciente disco y con el guitarrista y vocalista Andreas Kisser como líder, también pasaron destacados como Arch Enemy.

Más tarde Megadeth convocó una multitud al Teatro de Verano, que a pesar de los altos precios de las entradas vibró junto a la banda de Dave Mustaine al ritmo de sus más importantes éxitos.

Sin embargo el show más importante fue el de Slash. Dos años después que su antigua banda, el mítico guitarrista hizo vibrar el Teatro de Verano.

Los modernos
Además de contar con importantes artistas de renombre tuvimos la oportunidad de asistir a shows de artistas nuevos –que marcan tendencia sobre lo que sucede hoy– que visitaron el país en sus mejores momentos.

Este fue el caso de James Blake, el niño dorado de la prensa que el año pasado lanzó uno de los mejores y más interesantes discos de 2011. Su álbum homónimo marcó la transformación de la electrónica del undeground inglés en una experiencia –auditiva y fisica– digna de ser vista en la tranquilidad de un teatro. Su show en La Trastienda fue un espectáculo que realmente valió la pena.

En la misma línea estuvieron el inglés Carl Bârat y el norteamericano Ariel Pink, que en mayor o menor medida lograron convocar al público uruguayo. Por su parte, los colombianos Bomba Estéreo, con su cumbia electrónica lograron hacer bailar a los montevideanos dos veces en el año.

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