Ninguna de las ramas del arte se presta tanto para la autoreflexión como la Literatura. A lo largo de la historia y sin hurgar demasiado es posible encontrar muchos ejemplos de textos que, de una u otra forma, indagan en los misterios de la escritura y de la creación misma.

Para el autor es como un alto en la camino, un respiro para mirar hacia atrás y hacia adelante, para ver donde se está parado.
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Para el lector, en cambio, suele ser difícil la lectura de ese tipo de libros, muchas veces abstractos e intrincados, muchas veces demasiado autobiográficos o autoreferenciales.

Los más atractivos y fáciles de digerir son lo que como Invención tardía, de Horacio Cavallo
(Montevideo, 1977), camuflan su intención primigenia o mejor dicho, tejen una historia atractiva que permita aquí y allá expresar sus dudas y certezas sobre el oficio de escribir.

En este caso el hilo conductor de la novela es la búsqueda de la verdadera historia de un padre, escritor de fuste, que murió en un accidente de tránsito.

La pesquisa la lleva adelante su hijo veinteañero que seducido por una estudiante universitaria que escribe un trabajo sobre el artista, accede a revisar sus recuerdos personales y a seguirle el juego detectivesco a la chica.

Ahí ya desde ese planteamiento argumental inicial una reflexión sobre el estímulo que pone en funcionamiento la maquinaria, que desata el movimiento, que despierta lo dormido.

"La idea de mi padre como un montón de partes arriba de una mesa me es recurrente; cada una de sus vidas con puntos de contacto y líneas paralelas que van ganando luz en lo alto de la noche para desembocar en el cuerpo de Lorena: el arco del empeine, la nariz romana, y una larga cabellera que parece la extensión de su sombra.", escribe en el primer párrafo.

A partir de esas partes desparramadas arriba de una mesa (los libros escritos por el padre, alguna foto, la entrevista con un amigo que lo conoció bien, los recuerdos de la niñez del protagonista) comienza una búsqueda que tiene mucho de descenso a los infiernos, sobre todo cuando comienza a ser una realidad que el padre tenía otra familia, una vida paralela secreta.

A este relato lineal cada vez más dramático se suma la inclusión de varias historias autónomas, que supuestamente son textos del padre que transcribe el hijo.

El recurso es sumamente arriesgado ya que para el lector suponen un anticlímax constante, una distracción de la historia principal, de difícil decodificación.

En clave de reflexión literaria podrían expresar las dudas del escritor de cómo seguir adelante con la historia que tiene entre manos. Pero como también se incluyen una serie enumeraciones presentadas como versos, que apuntan a mostrar el cúmulo infinito de posibilidades de la poesía, podría tratarse únicamente de mostrar los varios caminos para expresarse que tiene un artista.

Por todo esto es difícil definir la prosa de Cavallo en este libro particular, ya que a la página sobria le sigue la insólita y a la frase tradicional le sigue otra donde el punto final no parece llegar nunca.

La mezcla de géneros y técnicas narrativas por suerte no despista del todo al lector, que puede a pesar de todo seguir el nudo de la narración principal, que resiste los saltos temporales gracias a la habilidad de Cavallo para contenerse cuando es necesario y explayarse cuando lo amerita la historia.

Invención tardía no es un libro fácil, pero tiene páginas valiosas que hablan sobre la desesperación ante una pérdida, sobre la literatura como exorcismo contra el dolor y sobre los mil caminos del escritor para poner en palabras lo que siente.

$ 300
Es el precio de Invención tardía, de Horacio Cavallo
(Estuario editora, con 131 páginas)
Temas:

literatura libros Horacio Cavallo

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