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La conexión Hollywood-Etchepare es una rareza, no caben dudas al respecto. Se debe, en un inicio, al estilo peculiar de la embajadora de Estados Unidos en Uruguay, Julissa Reynoso. La diplomática estadounidense tiene relaciones muy estrechas con la Meca del cine, por un lado, e inquietudes sociales que salen del protocolo de la filantropía habitual, por otro. Fue así que Reynoso visitó las colonias Santín Carlos Rossi y Etchepare, y se interesó por el trabajo que se hace con una población muy marginada, tal vez los más desvalidos de la escala social y sanitaria. En su visita del 16 de enero pasado, la embajadora habló de la posibilidad de que la actriz de cine Glenn Close visitara la Colonia y participara en algún evento para recaudar fondos.

Glenn Close no solo es una superestrella a la que solo le falta un Oscar (fue nominada seis veces, sin suerte) sino que además preside una organización que pretende generar un cambio de paradigma en la opinión pública con respecto a las enfermedades mentales, la fundación Bring Change 2 Mind.

Días después la noticia estaba en los medios uruguayos: la actriz visitará Montevideo el 11 de febrero, se hospedará en la casa de la embajadora y participará en una gala para recaudar fondos para la Colonia.

El director de ambas colonias, Osvaldo Do Campo, fue el primer sorprendido por ese ataque de glamour repentino al que se veían sometidos sus dominios. “Se hizo una reunión junto con la ministra de Salud Pública, jerarquías de ASSE y representantes de organizaciones sociales y gremiales. La embajadora mostró sensibilidad e interés auténticos y se habló de la posibilidad de que viniera Glenn Close”, reveló a El Observador.

La actriz saltó desde la fama al superestrellato con su actuación en Relaciones peligrosas pero su carrera de cuatro décadas es la de una profesional versátil, premiada por su labor en cine, televisión y teatro. Tiene, además, una relación muy íntima con las enfermedades mentales, ya que su hermana es maníaco depresiva y su sobrino es esquizofrénico.

Bienvenida

El director de las colonias cree que es una visita muy oportuna. Do Campo no está al tanto de los detalles de la recaudación de fondos, pero dice que lo esencial es la visibilidad: “Lo más importante de esto no es el dinero sino que en el universo de la colonia aparecen una embajada, una actriz de renombre y una fundación internacional. Normalmente estamos muy solos, muy olvidados”, afirma.

Y según el director, hay cosas de las que vale la pena enterarse y desterrar la idea de que las colonias son un lugar olvidado de Dios, y que los que trabajan ahí son desterrados del sistema. Do Campo es profesor agregado de la Cátedra de Psiquiatría de la Facultad de Medicina y presidente del Patronato del Psicópata; el médico se preocupó de enviar un curriculum a El Observador con una multitud de distinciones personales: trabajos científicos en el área de psiquiatría y premios a las instituciones que dirige. Desde 2009 hasta 2013, el trabajo de las colonias fue reconocido por el Ministerio de Salud Pública, en cuanto a la mejora de las prestaciones en materia de salud mental.

Las colonias tienen unos 800 residentes internos y otros 200 que viven con “cuidadores” en casas de familia del pueblo Ituzaingó, San José, Santa Lucía y también Montevideo.

Do Campo explica que las colonias funcionan como un pueblo, que a la vez es centro de influencia de una comunidad mayor. El director se muestra orgulloso de los logros alcanzados en estos ocho años: “En 2006 no se sabía ni cuántos pacientes había. Teníamos 200 NN. Hicimos un trabajo junto con el Ministerio del Interior y hoy están todos identificados. Queda un solo anciano, que sabemos que es brasileño pero nada más”, explica.

Las realidades dentro de esa población son múltiples. Se trata de esquizofrénicos y oligofrénicos, de entre los estratos más pobres de la sociedad. Algunos tienen mayor capacidad de aprender y disfrutar, en tanto que otros tienen posibilidades más restringidas.

Hay talleres de radio (tienen una FM con un alcance de 40 kilómetros y “equipos envidiables para muchas radios profesionales”), talleres de teatro, de arte y de pintura.

El Plan Ceibal también funciona en la Colonia y hay convenios con escuelas con las que se hacen intercambios.

En 2013 se consiguió algo que enorgullece al director: “Logramos que tuvieran pensiones. Antes había unos 120 pensionados y ahora son 600”, anuncia Do Campo. La diferencia es importante, incluso a la hora de que los familiares –que cuando existen tienen condiciones de vida muy miserables– tengan un incentivo más al a hora de hacerse cargo de algún huésped de la colonia. Esos $ 6.000 por mes pueden ser una diferencia.

De acuerdo a lo que dice Do Campo, lo que encontrará Glenn Close si visita las colonias en febrero, es “trabajo y compromiso”, y “un profundo respeto por esta gente”.

Normalmente las estrellas de Hollywood pueden llegar a tener contacto con estas realidades a través de la ficción, en un universo controlado que se desvanece con la palabra “corten” y después las entrevistas en las que el divo o la diva confiesan que fue una “experiencia enriquecedora”.

Lo que hace Close, esta vez, es el camino inverso: lleva al público desde el glamour hasta la realidad más cruda, más incómoda, donde el final feliz no es una opción. Do Campo cree que es para bien.