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La espuma del Plata trepó por la playa y se animó a cruzar la rambla de Piriápolis. “Nunca antes había visto algo así”, contó Alfredo, un treintañero nacido en la ciudad que sacó a pasear al perro a pesar de la advertencia de los meteorólogos. Los copos de espuma se ganaron los flashes de los curiosos que desafiaron la alerta roja, que a la hora 16 pasó a ser naranja. A la tarde, los curiosos eran pocos: Alfredo y una pareja de turistas brasileños que celebraron el paisaje. “Es una experiencia diferente”, comentó la mujer forzando su portuñol.

El resto del balneario parecía una ciudad fantasma. Comercios cerrados; casi nadie en la calle. Y los que salieron, lo hicieron para fotografiar la espuma o darle una mano al vecino. En Pririápolis cayeron dos árboles sobre el tendido eléctrico. En una de las casas afectadas, una decena de vecinos ayudaron a los bomberos a cortar las ramas. La dueña del hogar aseguró que “Piriápolis es un pueblo solidario”. Los vecinos, que cortaban las ramas, asintieron con la cabeza. Para Nancy, la encargada de seguridad del Argentino Hotel, la tormenta fue mayor a la del 19 de setiembre, pero menor a la de agosto de 2005, cuando además de espuma, el viento arrastró los bancos de la rambla hasta las escaleras del hotel. El viento, esta vez, sopló con menor intensidad; en promedio, a unos 100 kilómetros por hora. Solo volteó árboles y destruyó la cartelería de los comercios de la rambla. Dos jubiladas que se hospedan en el Argentino, intentaron pasear sobre la espuma que cubría la calle. Volvieron a los 30 segundos. “Nos lleva el viento”, explicó una de ellas.

Unos kilómetros más al este, en Punta Fría, el oleaje marrón arrancó ladrillos de la rampla y los dejó sobre el pavimento. Más flashes.

Ranchos sin techos
Maldonado y Punta del Este también sufrieron el azote del viento y la lluvia. En total, cuatro árboles cayeron sobre casas, pero no hubo heridos. A diferencia de lo que pasó en Piriápolis, en Maldonado y Punta del Este el temporal fue menor al de setiembre, advirtió el sargento Javier Bueno, encargado de la guardia de Bomberos, a pesar de que meteorología registró rachas de viento de 182 kilómetros por hora.

El viento rompió varios vidrios de edificios de la parada 3 de la Playa Brava de Punta del Este que habían sido colocados después del temporal anterior. En La Barra cayeron decenas de árboles. De todas maneras, algunos obreros prefirieron trabajar a resguardarse. “En setiembre no podíamos subirnos a los andamios, hoy sí”, dijo el capataz.

Si bien el viento no fue tan intenso como en setiembre, según coincidieron los consultados, quienes dudaron del registro de meteorología, golpeó a los más carenciados. En los asentamientos Kennedy, ubicado detrás del Jagüel, y El placer, lindero a La Barra, varios ranchos se quedaron sin techo. Lejos del paisaje espumado de Piriápolis, el comité de emergencia departamental evacuó a 17 personas, la mayoría de estos asentamientos.
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