Abu Ali, comandante de un grupo rebelde sirio que opera en el norte del país, muestra con orgullo una computadora portátil negra cubierta de polvo. “La conseguimos en un escondite del Estado Islámico (EI)”, revela.
Abu Ali, comandante de un grupo rebelde sirio que opera en el norte del país, muestra con orgullo una computadora portátil negra cubierta de polvo. “La conseguimos en un escondite del Estado Islámico (EI)”, revela.
Los combatientes del grupo que opera en Siria e Irak desde hace meses pero con más fuerza desde mediados de este año fueron en enero víctimas de un ataque de los hombres dirigidos por Abu Ali. Ocurrió en un pueblo de la provincia siria de Idlib, cerca de la frontera con Turquía, y los militantes del EI huyeron. “Encontramos la laptop y el cargador en una habitación y me la llevé. Pero no tengo ni idea de si todavía funciona o si contiene algo interesante”, agregó.
La máquina funcionaba y no tenía contraseña de apertura. “Mi PC” parecía vacía, pero entre los archivos ocultos había 146 gigabytes de información, 35.347 archivos en 2.367 carpetas diferentes.
Los contenidos de la computadora resultan un tesoro de documentos con justificaciones ideológicas de las organizaciones yihadistas y con información práctica sobre cómo llevar a cabo campañas mortales en nombre del Estado Islámico. Incluyen videos de Osama bin Laden, los manuales sobre cómo hacer bombas, instrucciones para el robo de autos y lecciones sobre el uso de disfraces con el fin de evitar ser arrestados mientras se viaja de un lugar a otro.
Luego de horas de búsquedas en la máquina quedó claro que la laptop del EI contiene mucho más que los típicos manuales de propaganda e instrucción utilizados por los yihadistas: los documentos también sugieren que el dueño de la computadora estaba aprendiendo sobre el uso de armas biológicas, en preparación para un ataque que, de haber tenido lugar, habría conmocionado al mundo.
Bibliografía apropiada
Queda claro que el dueño es un ciudadano tunecino llamado Muhammed S. que se unió al EI en Siria. Estudió química y física en dos universidades en el noreste de Túnez. Lo más preocupante es cómo planeaba usar lo que estaba aprendiendo: tiene un documento de 19 páginas en árabe sobre cómo desarrollar armas biológicas y cómo convertir la peste bubónica de los animales infectados en un arma de destrucción.
“La ventaja de las armas biológicas es que no cuestan mucho dinero, mientras que las pérdidas de vidas humanas pueden ser enorme”, señala el archivo.
El texto incluye instrucciones sobre cómo probar la enfermedad como arma biológica antes de usarla en un ataque terrorista. “Cuando se inyecta el microbio en ratones pequeños, los síntomas de la enfermedad deben empezar a aparecer dentro de las 24 horas”.
La portátil también incluye una fatua o decreto islámico de 26 páginas sobre el uso de las armas de destrucción masiva. “Si los musulmanes no pueden derrotar a los kafir (incrédulos) de una manera diferente, se permite el uso de armas de destrucción masiva”, afirma ese pronunciamiento legal emitido por el clérigo yihadista saudí Nasir al-Fahd, actualmente preso en Arabia Saudita. “Incluso si se mata a todos ellos y ellas y sus descendientes borra de la faz de la Tierra.”
Al ser contactada por teléfono, una funcionaria de una universidad tunecina cuyo nombre aparece en exámenes de Muhammed, confirmó que el hombre estudió química y física en esa institución. Sin embargo, la mujer aclaró que la casa de estudios perdió contacto con él en 2011.
Y de la nada, ella preguntó: “¿Encontraron sus papeles en Siria?” Interrogada sobre por qué pensaría que las pertenencias de Muhammed estarían en aquél país, ella contestó: “Para más preguntas sobre él deben dirigirse a la Secretaría de Estado”.
Un importante número de tunecinos ha acudido al campo de batalla de Siria desde que comenzó la revuelta. En junio, el ministro del Interior de Túnez estimaba que al menos 2.400 de sus nacionales estaban luchando en aquél país, principalmente con el Estado islámico.
Esta no es la primera vez que los yihadistas intentan adquirir armas de destrucción masiva. Incluso antes de los ataques del 11 de setiembre de 2001, Al Qaeda había experimentado con un programa de armas químicas en Afganistán. En 2002, CNN obtuvo una grabación de Al Qaeda donde se veía que probaban gas venenoso en tres perros, y los tres murieron.
Nada en la computadora portátil del EI sugiere que los extremistas ya posean estas armas peligrosas y cualquier organización que contemple un atentado de este tipo se enfrentará a muchas dificultades: Al Qaeda intentó sin éxito durante años hacer uso de este tipo de armas y EEUU dedicó enormes recursos para impedir que los terroristas logren hacerlo.
Capacidad asegurada
El material en la laptop, de todas formas, es un recordatorio de que los yihadistas están trabajando duro en la adquisición de las armas que podrían causar la muerte a miles de personas de un solo golpe.
“La verdadera dificultad en todas estas armas es que realmente tengan un sistema de distribución que funcione y que efectivamente llegue a matar a mucha gente”, dijo Magnus Ranstorp, director de investigación del Centro de Estudios de Amenazas Asimétricas en el Colegio de Defensa Nacional de Suecia. “Pero producir estas temibles armas sin duda está dentro de las capacidades del EI”.
Las victorias del EI en los últimos meses contribuyen a que el grupo tenga una mayor capacidad para desarrollar este nuevo tipo de armas peligrosas.
Los miembros del grupo yihadista no solo están luchando en el frente de batalla. El temor ahora es que hombres como Muhammed podrían estar tranquilamente trabajando lejos del frente -por ejemplo, en la Universidad de Mosul, controlada por el Estado Islámico, o en algún laboratorio en la ciudad siria de Raqqa, capital de facto del grupo - para desarrollar químicas o biológicas.
A medida que pasa el tiempo se hace cada vez más probable que los miembros del EI con formación en ciencias sorprendan con algo horrible. Los documentos encontrados en la computadora del yihadista tunecino no dejan lugar a dudas sobre las ambiciones mortales del grupo.
“Utiliza pequeñas granadas con el virus y tíralas en áreas cerradas como los metros, los estadios de fútbol o los centros de entretenimiento”, aconseja el documento de 19 páginas sobre las armas biológicas. “Lo mejor es hacerlo al lado del aire acondicionado. También se puede utilizar durante las operaciones suicidas”.