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El presente de Estados Unidos no se puede explicar sin hacer foco en las sucesivas corrientes migratorias. El desembarco en 1620 de los “Padres Peregrinos”, los migrantes puritanos que viajaban en el Mayflower para huir de la percusión religiosa en el Reino Unido, se convirtió en un hito fundacional en el relato histórico dominante.

Desde entonces, diversas oleadas dibujaron el actual perfil demográfico del país. Trazar un perfil futuro es tarea más compleja. La estadística constituye una herramienta que puede ayudar. Sin embargo, la disciplina no habla de un destino. Apenas abre la puerta para echar un vistazo a futuros probables. Más todavía cuando se trata de pronosticar con décadas de anticipación un escenario demográfico.

La estadística, no obstante, constituye una herramienta básica para la planificación de las políticas públicas, así como para las investigaciones en los ámbitos académico y privado. Sus proyecciones, cuando se trata de anticipar escenarios poblacionales, surgen de una determinada combinación de hipótesis sobre la probable evolución y combinación de fenómenos asociados, como la mortalidad, la fecundidad y las migraciones, entre otros.

Los tres posibles escenarios

Según un trabajo publicado esta semana por la Oficina de Censos de Estados Unidos (USCB, por sus siglas en inglés), hacia finales de este siglo la población del país disminuirá sin una inmigración sustancial, los adultos mayores superarán en número a los niños, y los residentes blancos no hispanos representarán menos del 50% de sus habitantes.

Un tema nada menor ante la creciente presión migratoria que enfrenta el país en la frontera con México; fenómeno que no es nuevo, pero que alimenta una acalora polémica que atraviesa los partidos políticos y, en términos generales, a la sociedad estadounidense en su conjunto.

Los expertos, no obstante, advierten que no se puede predecir lo impredecible, como una nueva pandemia. Mucho menos en el incierto panorama económico en el que se desenvuelvan las sociedades actuales. Sin embargo, la estadística puede ayudar a las autoridades a prepararse para el cambio y anticipar así las demandas, por ejemplo, en materia de cobertura médica; e incluso ayudar a planificar la cantidad de escuela y recursos que serán necesarios para satisfacer pueblos y ciudades.

Aunque las tasas de natalidad y mortalidad son más previsibles, los estadígrafos del USCB han planteado tres escenarios a partir de una variable incierta: la inmigración, que puede ser bienvenida o no según los períodos históricos. De allí que las proyecciones varíen según tres escenario hipotéticos basados en una inmigración baja, media y alta.

Más viejo y diverso

Según la USCB, en el escenario de baja inmigración, la población se reducirá a 319 millones de personas en 2100, desde una actual de 333 millones de residentes. En el segundo escenario crecería hasta los 369 millones; mientras que en la tercera hipótesis se incrementaría hasta los 435 millones.

En todos los casos, el país está en camino de volverse más viejo y más diverso.

El trabajo indica que hacia fines del próximo lustro, los adultos mayores superarán en número a los niños. Hoy, 71 millones de residentes tienen 65 años o más; y 69 millones son menores de 18 años. El dato es clave.

La superioridad numérica de las personas mayores significará menos trabajadores. Combinados con los menores, que representarán el 40% de la población, sólo el 60% de la población en edad de trabajar -es decir: de entre 18 y 64 años- pagará los impuestos de la Seguridad Social y el Medicare.

Para 2038, la Oficina de Censos proyecta que el crecimiento poblacional será negativo. En otras palabras: las muertes superarán a los nacimientos debido al envejecimiento poblacional y la disminución de la tasa de  natalidad.

La USCB proyecta 13.000 muertes más que nacimientos, déficit que aumentará a 1,2 millones más de muertes que nacimientos para 2100. En términos económicos: todavía más presión para los sistemas de salud y previsional.

¿Hacia una creciente diversidad?

Ante de alcanzar el nuevo siglo, las estimaciones del organismo señalan que para 2050, la proporción de la población estadounidense blanca y no hispana será inferior al 50% por primera vez en la historia del país.

Hoy, el 58,9% de los residentes son blancos no hispanos. Para 2050, los residentes hispanos representarán un 25% de la población, frente al 19,1% actual. Los afroamericanos serán el 14,4%, frente al 13,6%; y los asiáticos el 8,6% de la población, contra el 6,2%. Para ese año se espera que los asiáticos superen a los hispanos como el grupo más grande de inmigrantes por raza o etnia.

De confirmarse, las estimaciones tendrán una consecuencia lógica: la creciente diversidad será más notoria entre los niños. Para la década de 2060, los niños blancos no hispanos constituirán un tercio de la población menor de 18 años, en comparación con menos de la mitad actual.

La hipótesis intermedia

En este escenario de inmigración media, la población estadounidense alcanzará unos 369 millones de residentes en 2081. Después de ese escenario de base, la USCB predice una ligera disminución, con las muertes superando a los nacimientos y la inmigración.

Siempre considerando un flujo migratorio intermedio, a finales de la década de 2090, la población extranjera constituirá casi el 19,5% de los residentes; la proporción más alta desde 1850, cuando la Oficina del Censo comenzó a realizar un seguimiento poblacional. Registró que superará la tasa más alta de la serie histórica, que fue del 14,8% en 1890; y se ubica hoy en del 13,9%.

¿Son confiables las cifras?

Los expertos enfatizan que predecir las tendencias en materia de inmigración es más difícil que en el pasado, cuando los flujos estaban estrechamente vinculados a las oportunidades económicas. Hoy, además del factor económico, la inmigración es impulsada por el cambio climático y las tensiones sociales en otros países, pero también está afectada por el fluctuante sentimiento antiinmigrante que registra Estados Unidos.

Más allá del nivel extremo de incertidumbre que implica proyectar a casi ocho décadas, los especialistas dicen que las estimaciones son un buen punto de partida; además de una herramienta para conocer en qué medida las políticas públicas impactan en la evolución de las tasas de natalidad y mortalidad, en las tasas de fertilidad y en las tasas de migración.

Historia y presente

Hasta la Segunda Guerra Mundial, el grueso de la inmigración que recibió Estados Unidos era europea, con algunos aportes desde México, Canadá y China. Tras la finalización del conflicto, México comenzó a liderar la dinámica, acompañado por aportes menores desde Cuba, Colombia y Argentina, aunque mucho más minoritarios.

A partir de la década de 1970, India, China y Filipinas comenzaron a liderar con México el ranking. Ya en los años 1990, el flujo alcanzó los 10 millones de migrantes, con una franca preponderancia de mexicanos y chinos, tendencia que se mantiene hasta nuestros días.

En ese contexto, aunque gran parte de la identidad colectiva de los migrante está definida por su cultura y etnia de origen, todos los migrante que llegaron al país se definen como “american”, un grupo disponible en la declaración censal, si bien el 90% reconoce ser hijo de la inmigración.

(Con información de agencias)

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