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Cuando el partido se moría y Peñarol se llevaba una trabajadísima pero fundamental victoria ante Fénix, para seguir recortando distancias con el líder Liverpool mientras se pone al día tras sus partidos postergados por la participación en la Copa. Era el seguir encontrándose como equipo y con la diera de juego de Da Silva, tras un partido en el que había estado lejos del rendimiento ideal pero había sido efectivo.

Le faltó una pelota. Una falta innecesaria de Estoyanoff al borde del área, una mala salida de Gelpi –hasta allí el juvenil arquero había hecho un buen partido- y la definición e Ignacio Pallas para poner el 2-2 final, que significa un duro golpe para el carbonero ante un equipo que llegaba con apenas tres puntos en la tabla.

No fue un gran primer tiempo de Peñarol, que de todos modos fue levemente superior al rival, y tuvo las chances más claras. Le faltó definición, aunque pudo llegar al primer en la mejor jugada de la primera parte: combinación entre los tres delanteros aurinegros, con pase largo de Mora a Estoyanoff, centro del Lolo y definición de Pérez ante la salida de Mejía.

En el segundo tiempo Fénix mejoró y fue a buscarlo, y consiguió su premio a los 52’ con un golazo de chilena, aunque con la complicad de la defensa de Peñarol, luego de un saque lateral que el carbonero no pudo marcar.

Da Silva apostó a mandar a Zalayeta a la cancha, y el peso en el área del moreno delantero hizo la diferencia: esos goles de Zalayeta, que parecen casi sin querer: centro y el delantero que se tomó su tiempo para bajarla, hace pasar al defensor y definir suave al palo derecho de Mejía para poner el 2-0.

No quedaba nada y era victoria carbonera, porque Fénix, que con sus limitaciones hacía un gran partido, no tenía resto como para llegar al empate. Pero Peñarol se lo dejó servido en bandeja en la última pelota, y el de Capurro terminó riendo último.