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En un amplio salón del Hotel Sofitel Río de Janeiro, Uruguay recibió uno de los golpes más duros de su historia en los Mundiales. Superará a aquel 6-1 de Dinamarca, al baile de Holanda en 1974. Quizás aún a las eliminaciones de los Mundiales 1978, 1994 o 2006. Fue este 26 de junio de 2014 que la FIFA decidió aplicar una de las sanciones disciplinarias más duras (ver página 6), justo contra el emblema, ídolo y esperanza de Uruguay: Luis Suárez. Nueve partidos de sanción, y cuatro meses alejado de cualquier actividad vinculada al fútbol fue el castigo para la mordida contra Giorgio Chiellini, en el partido ante Italia.

El mundial terminó así de abrupto para Suárez. Ese mundial al que llegaba como estrella, y que se le llenó de dudas tras la artroscopía de rodilla. Que empezó viendo de afuera en la derrota ante Costa Rica, que lo transformó en héroe redimido con los dos goles a Inglaterra, y que tuvo su apagón en ese instante fatal de la mordida.

Implacable
Los viajes fueron frenéticos entre el Hotel Copacabana Palace y el Sofitel, los lugares en los que se reunió la Comisión de Disciplina entre el miércoles por la noche y el jueves de mañana. La línea de 3 de los dirigentes (Valdez, Balbi, Barrera) había presentado la defensa de Suárez el miércoles bajo una consigna clara: no había pruebas suficientes de que Suárez hubiera mordido a Chiellini. Una apuesta grande, casi desesperada: buscar la absolución y que el salteño estuviera ante Colombia, en lugar de reducir daños y buscar la sanción más suave posible. Jugar a todo o nada.

Luego fue el turno de exponer oralmente la defensa. Se esperó hasta la madrugada un fallo, pero finalmente se postergó al miércoles, lo que levantó especulaciones y esperanza en la delegación y medios uruguayos: si los miembros del tribunal demoraban era porque dudaban, y si dudaban era una buena señal. No todo estaba perdido. La caras de los dirigentes eran de un moderado optimismo.

Como un rey
Pero la suerte estaba casi echada, y el palazo de la sanción era cuestión de tiempo. Así lo sintieron los dirigentes cuando consiguieron una audiencia con Blatter por la mañana. Allí le recomendaron a Valdez dirigirse al presidente con aires de ceremonia, revelaron fuentes de la AUF a El Observador.
Una vez adentro, Valdez le pidió a Blatter las mismas condiciones para todos los jugadores, que Uruguay no se sentía perseguido, pero que hubo acciones que no fueron sancionadas de la misma manera. Pero el suizo lo miró como diciendo: "¿Y?"

Una vez terminado el tema los representantes de Uruguay se retiraron del encuentro. Jorge Barrera y Alejandro Balbi se fueron sin formular declaraciones.

Pero mientras el presidente Valdez prestaba declaraciones a los medios, apareció uno de los cientos de autos de FIFA. Bajaron el presidente de la Conmebol, el uruguayo Eugenio Figueredo, y el argentino Julio Humberto Grondona, que pasó desapercibido porque todos los medios se fueron con Eugenio. Es decir que los representantes de la Conmebol entraron después que se fueron los directivos de la AUF, resabio de las frías relaciones de los últimos meses con el fútbol uruguayo, que también llevaron a que los miembros sudamericanos del Comité de Disciplina se abstuvieran de votar.

La sanción.
A las 10:30 de la mañana, Valdez lo adelantó a El Observador: “nueve partidos de sanción”. Minutos después, en una conferencia en Maracaná, una ignota funcionaria de FIFA dio a conocer una de las sanciones más duras que recuerde el fútbol internacional. Más que por los nueve partidos, por los cuatro meses obligado a estar fuera de cualquier contacto con el fútbol, lo que significa que no podrá siquiera entrenar.

“Es una decisión absolutamente exagerada. No había prueba contundente para una sanción tan dura. Lo que le pedimos a Blatter es que Uruguay no pide privilegios ni excepción, sino una ley pareja para todos. FIFA debe velar por eso, hemos visto jugadas más agresivas y el tribunal no ha actuado con esa severidad”, dijo el presidente de la AUF Wilmar Valdez rodeado de micrófonos, mientras descartaba que Uruguay se retirara del Mundial. “Hay que tomar decisiones con la razón, no con el corazón. Uruguay tiene que seguir en la copa del mundo”, agregó.
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