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Gregorio Pérez es un ganador en materia de clásicos. Un hombre que supo ganar partidos históricos ante Nacional en momentos en que todos lo daban por perdido. Así sucedió con dos encuentros que pasaron a la historia en 1997 cuando perdía 3-1 y ganó 4-3 –el día en que los jugadores le dedicaron la victoria al juvenil Fabián Perea, quien había fallecido hacía poco tiempo con un llanto desgarrador de Luis Romero quien años más tarde defendería al rival eterno–, y 2-0 y venció 3-2 en el desempate para jugar la final del Uruguayo ante Defensor Sporting que luego lo llevaría a la consecución del segundo quinquenio mirasol.

No obstante, lo que queda claro es que Gregorio, el mismo que ganó tanto con Peñarol, deberá cambiarle la cara a este equipo que no se encuentra en la cancha. No solo desde el punto de vista futbolístico, sino también desde el anímico, lo cual no es un tema menor de cara a un compromiso de tan alto voltaje.

No es la primera vez que le sucede, pero tendrá que hacer un cambio sustancial en la manera de enfocar el partido. Peñarol ya no es el puntero, ya no depende de sí mismo y cada vez juega peor.

Además, Marcelo Zalayeta, un jugador que dirigido por él en 1997 le hizo tres tantos a Nacional en dos clásicos, vio la roja de manera infantil cuando se terminaba el encuentro ante Wanderers, por lo que no podrá estar. Esa es una de las principales misiones del DT para este encuentro: ¿Quién ingresa arriba?

Hasta ahora, ha probado con todos y todos le han dado –de una manera u otra– la espalda futbolística. Maximiliano Pérez, Zambrana, Santiago Silva, Rodrigo Pastorini, y Cristian Palacios hicieron muy poco. Los juveniles Jonathan Siles y Facundo Guichón no desentonaron, pero están muy verdes para un partido de estas características.

Una notable historia clásica
Uno de los hechos incontrastables en la vida como director técnico de Gregorio Pérez es su notable impronta en materia de clásicos.

Desde que llegó a Peñarol en febrero de 1993, el actual entrenador carbonero retornó al club otras cuatro veces más no solo por los títulos que cosechó con la institución de las 11 estrellas, sino, además, por su brillante historia y sus números muy favorables en partidos ante el archirrival.

Las cifras en esa materia son más que claras y no dejan mentir. Gregorio Pérez dirigió a Peñarol en 32 clásicos, lo que le da una experiencia riquísima al actual DT de los mirasoles.

Obviamente que solo la experiencia y los números favorables no hacen nada. El trabajo de la semana, el conocimiento de los jugadores y su llegada sobre los mismos, resultan sustanciales en esta materia.

De esos 32 clásicos disputados como entrenador en todos estos años, Gregorio ganó 20, una cifra realmente impresionante.

Pero, además, de esos 20, muchos fueron triunfos por goleada y otros que están enmarcados en la mejor historia del club, como los dos primeros mencionados líneas atrás.

Gregorio empató cuatro clásicos y perdió ocho de esos 32.

Es obvio cuando se habla de clásicos y de partidos trascendentes, que la experiencia juega su papel, pero, se reitera, no lo es todo.

El único futbolista del actual plantel de Peñarol que fue dirigido anteriomente por Gregorio en un clásico fue Marcelo Zalayeta, quien anotó tres tantos y justamente, se perderá el encuentro del próximo domingo por su expulsión.

Con este mismo entrenador, Peñarol tuvo una racha positiva espectacular. Entre el 6 de julio de 1997 y el 18 de marzo de 1998, los aurinegros ganaron seis clásicos seguidos. Allí lo sufrieron dos entrenadores diferentes en los tricolores como el histórico Roberto Fleitas y, posteriormente, Hugo De León.

En este Torneo Apertura –Peñarol hace 15 años que no gana un campeonato de estas características– todo iba sobre rieles con partidos de buen nivel futbolístico y cuando llegó el receso de tres semanas, Gregorio dijo que esos días le vendrían muy bien al plantel para ponerse al día.

Sin embargo, todo fue al revés y a partir de allí, Peñarol no sabe lo que es ganar. De los últimos nueve puntos, solamente cosechó uno, tras igualar con Cerro 0-0. Luego de ese receso, perdió sus dos compromisos ante Liverpool y Wanderers sin mostrar prácticamente nada y la actualidad lo muestra muy complicado en la tabla y con un clásico por venir ante un rival que viene de menos a más –sin mostrar demasiado, eso también es verdad– pero que ganó cuatro de sus últimos cinco encuentros y hace justamente cinco compromisos que no recibe goles.

¿Se puede cambiar?
La gran pregunta que se hacen todos los seguidores carboneros es si este Peñarol con el oficio declarado y demostrado por Gregorio Pérez puede mostrar otra actitud de aquí en adelante y por lo que resta del campeonato, incluyendo el trascendente clásico del domingo que viene.

Lo que queda claro es que no será una tarea sencilla para el entrenador. Porque no se trata solamente de la parte futbolística –trascendente–, sino también de la anímica, porque este equipo no se tiene fe en la cancha y eso quedó más que reflejado.

Estos días que quedan hasta el domingo, Gregorio deberá buscar un cambio brusco y urgente. De lo contrario, todo se complicará.