Hecho a la medida de los clásicos
Santiago García fue una vez más el jugador desequilibrante en los partidos en los que se conquista la idolatría; el Morro llegó a cuatro goles ante Peñarol y cada vez que anota, Nacional gana: no es casualidad
Santiago García jugó su primer clásico en el Apertura 2008. Tras un inicio tan cerrado como el del domingo sustituyó a Alexander Medina. Seis minutos después Gerardo Alcoba le cometía penal y Sergio Blanco anotaba el gol de la victoria. El Morro se fue de mambo en el festejo y fue expulsado. Pero en ese breve lapso, su condición de jugador de clásicos quedó marcada a fuego.
Lo que ocurrió este domingo no puede sorprender. Ni a los tricolores que lo disfrutan ni a los aurinegros que lo sufren en cada clásico.Sin su presencia desde el inicio, Nacional regaló 45 minutos de instrascendencia ofensiva. Pero con su ingreso todo cambió. En presencia y disposición anímica a la hora de pelear cada pelota dividida. En el cuidado extremo que demanda su tracción aplanadora para los rivales.Una cosa era Fornaroli y sus movimientos elegantes intentando –sin éxito– aplicarse a las fórmulas ofensivas que propone Juan Ramón Carrasco. Otra, muy distinta, fue el Morro llevándose a todos los defensas de Peñarol puestos en cada pelota dividida. Aun a costa de reiterarse en infracciones y recibir una amarilla.
Pero más allá de lo que influye y de lo que pelea, lo más importante de García es lo que rinde. En goles. En clásicos. La primera pelota que le pusieron de cara al arco –adelantado o no, ni le importó– fue gol. Listo. Lo de Coates fue monumental. No solo por la patriada que culminó con asistencia a lo Gallardo. Si no porque todo el partido fue impasable. Muralla defensiva y zancada estilizada para salir del fondo.Pero el Morro es el que enronquece las gargantas. El que pinta las estadísticas de rojo, azul y blanco. El que se viste de ídolo cada vez que se le cruza el amarillo y negro en una cancha.
Basta para eso analizar sus números. García lleva 11 clásicos disputados, ganó cinco, empató cuatro (en uno venció por penales) y perdió solo dos.Estuvo en el campo 615 minutos y anotó cuatro goles. Cada vez que marcó Nacional ganó: en el Apertura 2009 –el día que Nicolás Lodeiro ofreció clases gratuitas de baile– metió el tercero del 3-0. Un golazo. En la primera de las finales del Uruguayo 2009-2010 metió los dos del 2-0, aunque luego Peñarol fue campeón. Este último fue el cuarto.
Todos por partidos importantes. No se reservó ninguno para las copitas de verano. García intuye que con este clásico cerró una etapa. La que nació con aquel gol que definió la Liguilla 2008, contra Defensor Sporting. En su debut. Que se alimentó con el Uruguayo 2008-2009. Pero que, por sobre todo, se forjó a fuerza de clásicos ganados y de goles decisivos.El Morro ya cantó 23 en lo que va de la temporada en el Uruguayo: 15 en el Apertura (máximo anotador) y ocho en el Clausura, segundo en la tabla detrás de Cristian Palacios (12). Además hizo los tres que anotó Nacional en la Copa Santander Libertadores.
Tal vez sus goles se vayan ahora a Benfica. Pero algo es seguro. Cuando Nacional dispute las finales por el Uruguayo –el domingo dio un paso decisivo para ello– el Morro va a estar. No solo en la cancha, sino también en la red adversaria. Porque está llamado a ser protagonista en esas circunstancias.
11Clásicos.
Ante Peñarol, el Morro ganó cinco veces, empató cuatro y solo perdió dos. Un ganador nato.
4Goles.
Todos los tantos que le marcó a Peñarol fueron por partidos oficiales. Cada vez que hizo un gol, Nacional ganó.