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Aproximadamente 60% del peso corporal es agua. En el organismo, este elemento se encarga de transportar oxígeno y nutrientes (la sangre es 80% agua), y colabora en la digestión, el mantenimiento de la presión arterial, la lubricación de las articulaciones y la regulación de la temperatura corporal.

Pero tanto el déficit como el abuso de agua son nocivos para el organismo. La sed y la producción de orina son los mecanismos que aseguran un contenido de agua corporal dentro de los rangos óptimos.

Importancia de la hidratación en el deporte

La actividad muscular genera calor que el cuerpo debe disipar para mantener la temperatura normal interna. La forma más eficaz de hacerlo es mediante la evaporación del sudor sobre la piel. Pero esto tiene un costo: el sudor es básicamente agua y, buscando perder calor, el organismo también pierde este importante elemento.

La deshidratación se puede medir de forma sencilla pesando al atleta antes y después del ejercicio. Una pérdida del 2% o más del peso corporal baja el rendimiento y las pérdidas mayores del 5% o 6% tienen riesgos sobre la salud.

El ejercicio intenso y prolongado, el exceso de abrigo, las altas temperaturas y la humedad ambiental son factores que aumentan las pérdidas de agua por sudor, las cuales varían entre uno y cuatro litros por hora.

Los individuos con menos agua corporal (mujeres, niños, ancianos, obesos y desentrenados) tendrán más riesgo de deshidratarse.

Pese a que los deportistas son conscientes de la necesidad de hidratarse, se estima que 50% de los maratonistas terminan la carrera deshidratados. El corredor puede tener dificultad para ingerir agua debido al movimiento que sufre el estómago durante el ejercicio. Esto no es tan marcado entre los corredores más lentos o entre ciclistas, quienes toleran mayores volúmenes de líquido durante la actividad sin molestias gástricas.

Más no es mejor

La sed es un mecanismo fiable para el control de la hidratación, pero obligarse a beber grandes volúmenes de agua provoca hiponatremia. Es decir, se diluye el contenido de electrolitos en sangre —especialmente el de sodio—, lo que ocasiona edemas (cerebral, pulmonar) y puede poner en peligro la vida.

Síntomas de deshidratación

Efectos de la deshidratación (porcentaje del peso corporal perdido)

Pautas de hidratación