Imposible como matar una mosca
Una de las cosas que consideramos más simple del mundo, es en realidad prácticamente imposible. Aunque una vez cada tanto se logre el objetivo
Cuando se quiere decir que alguien es muy bueno o sencillamente que no sirve para mucho, cosas que la sociedad actual suele considerar uno y lo mismo, suele decirse que no es capaz de matar una mosca. Esta premisa está completamente equivocada: la capacidad de matar moscas no tiene nada que ver con la bondad, ni con la inteligencia, porque en realidad, matar una mosca es prácticamente imposible.
Por eso estos dípteros han sido un dolor de cabeza para la humanidad desde tiempos inmemoriales. Ya los griegos de Cirene, en lo que hoy es Libia, ofrecían sacrificios al dios Acoro para que los librase de estos bichos. Si matarlos fuera tan fácil como dicen, no hubiera sido necesario llamar a un dios para que lo hiciera por uno y mire que lo griegos no tenían un pelo de tontos.
Teófilo y Paracelso aseguraban que los antiguos romanos sostenían que ni el mismo Júpiter era capaz de ahuyentarlas, así que mire si va a lograrlo cualquier buenote terrestre.
Son tan hábiles las moscas en el arte de escapar a la muerte, que para los egipcios constituían el mayor galardón militar al que podía accederse, era la más alta condecoración que los faraones entregaban a sus militares más valientes. Tanto es así, que el faraón Ahmose le regaló a su mamá Ahhotep un collar con tres moscas de oro de nueve centímetros de largo, como premio por haber inspirado a sus hombres en la guerra que liberó a Egipto de los hicsos. No vamos a andar aclarando cómo los inspiró porque son asuntos familiares en los que no es de caballeros andar inmiscuyéndose, sobre todo con gente que aún después de muerta es capaz de andar repartiendo maldiciones.
Y si por casualidad usted sigue creyendo que matar una mosca es algo baladí, ya que estamos hablando de Egipto, recuerde las diez plagas que, según el Antiguo Testamento, asolaron ese territorio. Pues bien, la cuarta no era otra cosa que un gigantesco enjambre de moscas, que según se dice, solo afectó a los egipcios y ni siquiera les prestó atención a los israelitas, algo que en la políticamente correcta época actual se hubiera considerado como un flagrante acto de discriminación y antisemitismo. Pero volviendo a lo que nos compete, si las moscas fueran tan difíciles de matar como muchos incautos piensan, Dios hubiera dejado caer sobre los egipcios algún bicho aparentemente más dañino, como hipopótamos, que ya de por sí son peligrosos y mucho más si caen del cielo.
Pero vayamos a lo práctico. Supongamos que usted está plácidamente tumbado en el sillón de su casa leyendo este ejemplar de El Observador y, de repente, viene una mosca y se le posa alegremente en la narizota. Instintivamente hará un rollo con el periódico e intentará eliminarla. El resultado es conocido: usted se da un golpazo en la nariz y la mosca se va muerta de risa.
Eso es por dos motivos. El primero, es que las moscas reaccionan en milisegundos y se mueven con libre albedrío. Es decir, ni siquiera ellas saben para dónde van a agarrar mientras levantan vuelo. De repente se fijan y resulta que se han posado acá o acullá, que les da lo mismo.
El segundo motivo, es que son mucho más inteligentes. Usted argumentará que su cerebro es notoriamente más grande que el de cualquiera de estos dípteros, pero tenga en cuenta que la mosca solo tiene que pensar en escapar del golpe, mientras usted tiene el cerebro lleno de tonterías como pagar el IRPF, llegar en hora al trabajo, mandar a los nenes a la escuela y cosas por el estilo. Entienda que estos insectos viven en promedio unos diez días y no tienen tiempo para distraerse en cosas como anudarse la corbata o pedir que renuncie Bonomi. Lo único que tiene que hacer una mosca, es comer, reproducirse… y evitar que usted le pegue con el diario.
Por eso es que no es cierto que sea fácil matarlas. Al contrario, es muy difícil, así use el diario, un matamoscas o insecticida. Con este último solo logrará que se vayan un rato a respirar a otro lado y luego regresen a seguir jorobando, algo que les encanta. La próxima vez que piense en matar una mosca, tenga todo esto en cuenta… por si las moscas.