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El resultado de la negociación colectiva de salarios en el sector de la bebida cayó mal en el gobierno y más aún en los sectores empresariales. Un aumento en términos reales cercano a 20% en tres años, en un contexto de desaceleración e incertidumbre, llama a la atención. Pero la mayor innovación en el acuerdo es que, como parámetro de inflación esperada, no se fijó el centro del rango meta de las autoridades sino un más realista 7%.

Poniéndome en lugar de las autoridades, lo que más me molestaría es que los trabajadores, tanto de la bebida como del resto de los sectores, tienen todos los argumentos a su favor a la hora de proyectar una inflación por encima del objetivo oficial.

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Desde marzo de 2008 -primer rango de precios adoptado por el Comité de Coordinación Macroeconómica, en su reunión inicial de diciembre de 2006-, solo en 23% de los meses la inflación se ubicó dentro del rango oficial y solo en uno de esos 56 registros estuvo a una distancia menor a un punto del centro del rango meta.

Pero además, las expectativas de los consultores, instituciones financieras, académicos y economistas independientes consultados por el Banco Central no permiten prever una situación diferente para los próximos años. Ni siquiera el más optimista de los expertos consultados por la propia autoridad monetaria espera que la inflación se adentre en el rango meta en los próximos 18 meses.

Ni siquiera el Poder Ejecutivo cree en la capacidad de la administración como un todo de reencauzar la evolución de los precios al rango objetivo en el mediano plazo. Los lineamientos macroeconómicos para la última Rendición de Cuentas prevé que recién en 2014 la desaceleración inflacionaria llegue a tocar -en promedio- el actual techo del rango meta, de 6% anual.

La pregunta, por lo tanto, es inmediata. ¿Por qué los sindicatos deberían creer en la meta del Central? ¿Por qué los empresarios deberían hacerlo? La falta de credibilidad de la meta reduce la capacidad de las autoridades para incidir sobre las expectativas de los agentes económicos.

No debería sorprender a nadie que los sindicatos dejen de fijar como previsión una dinámica de precios inverosímil dadas las actuales condiciones globales. Además, asumir una inflación futura realista, basada en supuestos empíricos y no sobre voluntades políticas de difícil concreción, permitirá reducir la inercia inflacionaria, eliminando la necesidad del componente de ajuste por inflación pasada de los actuales lineamientos para la negociación colectiva. Mirar hacia atrás para corregir salarios hace más rígido a la baja el aumento de los precios. Es necesario cortar el círculo que lleva a que la inflación de hoy genere más inflación en el futuro.
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