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Al término de una reunión de cinco horas del gabinete de Defensa, Israel decidió continuar con su operativa militar en Gaza, donde en ataques por cielo, tierra y mar han muerto ya más de 1.300 personas.

Fuentes de gobierno revelaron que instruyeron a las Fuerzas de Defensa para que continúen “golpeando a Hamas y otras organizaciones terroristas en Gaza” y lleven a término la misión de destruir los túneles que llevan desde la Franja hasta Israel, informó la prensa de aquél país.

Según declararon a los periodistas los presentes en la reunión, no está en el horizonte cercano la posibilidad de negociar un alto el fuego con Hamas, el grupo que opera en la Franja y que desde hace días lanza cohetes hacia el otro lado. “Cuando nos llegue una propuesta que atienda a nuestras necesidades, entonces la analizaremos”, revelaron.

El ejército está dispuesto a cumplir con treguas humanitarias acotadas tales como la que hubo ayer, pero no descansará hasta acabar con su misión de desarticular a Hamas. En esto, coincidieron los presentes en la reunión, el ejército ha alcanzado “objetivos significativos” y debe continuar haciéndolo.

Zona desmilitarizada con cooperación internacional

El fin último del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, asegura la prensa de su país, es desmilitarizar Gaza y que se mantenga el control sobre el ingreso de personas y bienes hacia el territorio. En ese proyecto está involucrada la comunidad internacional.

Así lo reveló el diario Haaretz después de la reunión que el primer ministro tuvo con su gabinete el lunes. Ya en su aparición pública esa noche el líder había comentado que “la comunidad internacional debería insistir en un mecanismo para prevenir que se rearmen las organizaciones terroristas y se desmilitarice Gaza”. Luego, en base a sus palabras y a las de sus asesores, se pudo reconstruir en qué consiste claramente su idea.

En primer lugar, el gobernante busca que una vez que haya un alto el fuego se instale un fondo internacional con millones de dólares provenientes de los estados árabes y occidentales para reconstruir Gaza. Una vez creado, Israel lo apoyará y aprobará las inversiones en economía e infraestructura –algo que hoy no permite– pero ejercerá un estricto control sobre el dinero transferido a la Franja para evitar que caiga en manos de Hamas o de otras organizaciones extremistas.

Luego, Netanyahu busca que haya una supervisión internacional de los materiales que entren en Gaza para reconstruir la ciudad tras los bombardeos y exige que se preste especial atención a los ingresos de cemento, hierro y concreto. Su temor es que los extremistas no los usen para rehacer las casas sino los túneles donde operan y almacenan armas, que están siendo destruidos por Israel.

El tercer objetivo del primer ministro es que Hamas no adquiera más armamento y por eso exigirá que Egipto sea especialmente estricto en sus fronteras, además de supervisar el ingreso de materiales que podrían ser utilizados para la elaboración de armas.

Un cuarto objetivo del líder, asegura Haaretz, es instalar en la agenda internacional el problema de los cohetes que lanzan desde Gaza hacia su territorio, que significan una amenaza constante para los civiles.

En estos aspectos ha estado insistiendo el primer ministro, también, en sus contactos con otros mandatarios. La cuestión de la desmilitarización de Gaza ya contó con el visto bueno del secretario de Estado de EEUU John Kerry, quien declaró que cualquier acuerdo de cese el fuego debería incluir ese requisito.

Hamas y el resto de los palestinos exigen, en cambio, que se termine el bloqueo al ingreso y egreso de personas y bienes de Gaza, algo sobre lo que Israel no quiere dialogar.

Los dilemas de Netanyahu

Pero lograr imponer su plan no será fácil para el líder, que desde que comenzó la ofensiva el 8 de julio enfrenta dilemas difíciles de conciliar.

Por una parte, el mandatario ha asegurado varias veces que no desea un aumento de la ofensiva militar y así ha estado actuando, porque de haber querido habría invadido Gaza con todo su potencial antes.

Al mismo tiempo, enfrenta cada vez más críticas desde el ámbito internacional por sus acciones en Gaza, especialmente por las muertes de civiles. Por ejemplo, la semana pasada el canciller británico Philip Hammond (asumió hace apenas 15 días tras el retiro de William Hague) advirtió a Israel que Occidente está perdiendo simpatía hacia su país, lo mismo que el estadounidense Barack Obama y el secretario general de la ONU Ban ki-moon, que aunque apoyaron el derecho a la defensa del país, repudiaron la cantidad de víctimas.

El primer ministro deberá buscar un equilibrio entre su voluntad de no escalar, la de otros líderes de detener el conflicto y la de sus ciudadanos, que en gran medida son partidarios de un aumento de la tensión.

Y todo esto deberá encontrarse con la posición de Hamas, que también insiste en que no cederá a un alto el fuego si este no implica un cese al sitio al que la Franja está sometida desde hace años.

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