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Desde aquel primer festival de jazz en la finca El Sosiego, en 1996, hasta esta 17º edición que se inaugura hoy jueves a partir de las 20 horas, ha corrido mucha agua bajo el puente.

Francisco Yobino, creador de este festival, hizo surgir en la campiña fernandina un fenómeno que traspasó fronteras, que se expandió por la región, que se dio el lujo de contar en sus programas con músicos del calibre de clásicos como Michael Brecker o Roy Hargrove, entre las figuras más jóvenes. Y con el padrinazgo del cubano Paquito D’Rivera, siempre presente desde lo musical y lo ejecutivo.

Pero no todas fueron maduras. En 2007, luego de 22 años de gestión desde su creación en 1985, Yobino tuvo que vender el establecimiento y, según sus palabras, debió “comenzar de cero, todo de nuevo”.

Por unos años perdió el control del festival, su hijo predilecto. Pero este año, con el apoyo de los ministerios de Educación y Cultura y de Turismo, y el auspicio de supermercados Disco, entre otras empresas, Yobino vuelve al mando del evento, que se desarrollará hasta el próximo domingo 6.

Según el productor, los fondos de incentivo cultural, a través de los cuales las empresas pueden deducir impuestos si financian proyectos culturales, han jugado un papel importante en este caso.

El Observador conversó con Yobino, quien en esta ocasión llamó la atención sobre una imagen “elitista” que tiene el jazz y que él pretende revertir.

“Estamos tratando de mostrarle a la gente otra imagen, porque muchos creen que esto es para una elite y no es así”, dijo Yobino, quien además destacó que el festival “no es un negocio”.

“No estamos haciendo esto para ganar dinero, sino brindando un espectáculo de nivel”, agregó el organizador.

Destaque regional
El efecto que ha tenido el festival en estos 17 años ha sido centrífugo en la región, ya que tanto en Chile como en Argentina muchos han seguido el ejemplo de la finca, como primer establecimiento lechero turístico y cultural. “Uruguay ha generado en la región una verdadera explosión”, enfatizó Yobino.

Además de las tardes/noches del festival en sí, luego de cada show se generan en la zona del restaurante las llamadas jam sessions, donde los músicos se mezclan e interpretan versiones improvisadas de clásicos, al ritmo de los panqueques de dulce de leche que pueblan las mesas.

Los destaques para esta edición los tienen el trompestista Terrell Strafford, del Mike Le Donne Trío. “Para escuchar a músicos de este calibre hay que recorrer 12 mil kilómetros”, precisó Yobino.

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