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Las Instrucciones del Año XIII. Parece un versito que está en el fondo de la memoria colectiva de los uruguayos pero varias generaciones que solo escucharon de este documento en una adormecida aula escolar, o para los pocos que tuvieron suerte y volvieron a ellas en alguna clase liceal, no saben muy bien qué significa.

Expliquemos. Las “instrucciones” se las dio José Artigas, jefe de los orientales, a los diputados de varios pueblos de la Banda Oriental para que en abril de 1813 participaran en una asamblea constituyente en Buenos Aires.

Dependiendo de las versiones, estas fueron 20, 25 o 26 mandatos que iban desde conceptos ideológicos universales a cuestiones prácticas del momento.

El cerno de las Instrucciones manejaba nociones originales para el época en esta parte del mundo, como independencia (respecto a todo poder extranjero, aunque dentro de una confederación con el resto de las provincias del Virreinato del Río de la Plata), república y federalismo. Libertad sí, pero dentro de un sistema que cobijara a cada provincia y con una capital que estuviera fuera de Buenos Aires.

Cuatro de los seis diputados orientales (previsiblemente) fueron rechazados por el poder porteño, alegando problemas de representatividad.

Las Instrucciones sintetizaron el pensamiento artiguista, pero las redactó Miguel Barreiro y otros doctores, en el campamento de Tres Cruces, frente a una Montevideo sitiada y repleta de leales al régimen español y al virrey Gaspar de Vigodet.

“Vigodet en su corral/ se encerró con sus gallegos,/ y temiendo que lo pialen/ se anda haciendo el chancho rengo”, cantaban los cielitos de Bartolomé Hidalgo en el campo sitiador. Todo esto sucedió en 1813, hace 200 años.

Luego de siete años de guerra en condiciones de tremenda inferioridad, Artigas y su proyecto culminan en la derrota militar y política. El caudillo huye a Paraguay y no vuelve más, ni siquiera cuando desde una República Oriental del Uruguay independiente se los tiente varias veces.

Ana Ribeiro y Gerardo Caetano, dos de los más reconocidos historiadores uruguayos vivos, luego de una propuesta de la editorial Planeta, acometieron la idea de hacer un libro que tomara como excusa el aniversario de las Instrucciones (como lo había hecho el historiador Héctor Miranda, en 1913), como primer texto a partir del cual se pretende crear un conjunto de reglas y normas para la Banda Oriental.

Ribeiro y Caetano tomaron varias decisiones para darle forma al libro. Para empezar, el libro debía ser colectivo. Juntos conformaron dos grupos de 13 historiadores cada uno: un grupo es de uruguayos, en un amplio abanico plural (además de los compiladores, se destacan Lincoln Maiztegui, Carlos Demasi y Guillermo Vázquez Franco, entre otros), y el otro de extranjeros (donde está el italiano Giovanni Levi, uno de los creadores de la microhistoria; el argentino José Carlos Chiaramonte; el español Manuel Chust, experto en las independencias de América del Sur; su coterráneo, Javier Fernández Sebastián, director del grupo de reflexión Iberconceptos; o el brasileño Joao Paulo Pimenta).

Pero además contiene textos de los cinco presidentes uruguayos desde la reapertura democrática, cada uno con su versión de la figura de Artigas y de la importancia de las Instrucciones. Pocos trabajos teóricos en el mundo se pueden dar este lujo republicano.

“No queríamos un libro ombliguista ni provinciano, donde solo los uruguayos debatieran sobre Artigas. Tenía que ser un libro de mundo. Las Instrucciones de 1813, en el marco de las revolciones americanas, necesitaban una mirada desde fuera”, dice Gerardo Caetano en diálogo con El Observador.

“El libro tiene miradas complementarias y contradictorias”, agrega Ribeiro, destacando su cualidad polifacética. Para los autores, el fruto de las más de 30 reflexiones tiene como protagonista más al artiguismo que a la figura de José Artigas. “Es que Artigas sin su pueblo, sin el artiguismo, no se entiende”, acota Caetano.

La idea de incluir a los presidentes le da al libro una mirada cruzada entre la historia y la política, desde el ejercicio del poder, que no es usual y que da como resultado acuerdos diferentes en los ángulos de interpretación. “Es importante que cada uno de ellos diga si las Instrucciones son algo muerto o vivo en la sociedad uruguaya. Y en cada uno se reflejó una posición”, explica Ribeiro.

Fuentes de un pensamiento
Los más de 30 artículos presentan posturas en algunos casos revisionistas, en otros más clásicas, pero todas con sólidas argumentaciones y muchas veces desde ángulos originales para la historiografía. Desde el análisis de las palabras y cuál era su significado en aquel contexto y los conceptos que podemos tener hoy. Por ejemplo, en ningún lugar de las Instrucciones está la palabra “democracia”.

“Artigas era un hombre práctico y de acción, influido por el pensamiento de su tiempo. Por sobre todas las cosas era un español de su tiempo. La ilustración española, con la noción de cabildo, fue fundamental en su visión. Pero también de los norteamericanos, que inventaron algo hermoso que no existía hasta entonces”, dice Ribeiro. “El artiguismo es un magma ideológico”, resume Caetano.

Desde el repaso sobre quién fue el autor de las Instrucciones hasta las condiciones continentales y de pensamiento de su época, el libro echa luz sobre uno de los hechos fundamentales de la historia oriental con proyecciones sobre la historia uruguaya contemporánea.