A su muerte, en 1896, el inventor y químico sueco Alfred Nobel tenía todo calculado. El padre de los premios que llevan su apellido solucionó en su testamento el monto económico que se otorgaría a los galardonados en el futuro.
La billetera sin fin de los Premios Nobel
Los millones de dólares que entregan cada año a los galardonados surgen del negocio más obvio: los ladrillos