Desde Diego Alonso, quien condicionó el juego de Uruguay con un planteamiento con tres puntas, pero que terminó siendo conservador, hasta la falta de juego del equipo, Uruguay se traicionó a sí mismo.
Desde Diego Alonso, quien condicionó el juego de Uruguay con un planteamiento con tres puntas, pero que terminó siendo conservador, hasta la falta de juego del equipo, Uruguay se traicionó a sí mismo.
No es sencillo debutar en un Mundial y eso lo sintió en carne propia el técnico celeste. Alonso no fue Alonso.
Con Federico Valverde detrás de los tres cuartos de cancha hasta los 75 minutos, sin ver a Giorgian De Arrascaeta al menos algunos minutos, o quizás a Facundo Torres quien puede sorprender por izquierda, o el propio Agustín Canobbio por derecha, Uruguay careció de apertura y de llegada con oficio. Aunque se hubiera ganado con el misil de Valverde, el análisis hubiera sido el mismo.
Obvio que el técnico es quien está ahí y su forma de pensar el partido y de ver el juego, no tiene por qué coincidir con la visión del periodista. Pero esa fue la sensación que dejó este inicio del Mundial. Que fue su debut y que le costó encontrarse a sí mismo.