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La palabra competencia derivada del latín “competere” significa “buscar conjuntamente y posee varias acepciones de acuerdo al contexto en la que sea utilizada.

Se puede competir con uno mismo superando sus propias marcas, o las de otros deportistas, se puede competir individualmente o grupalmente agresiva o naturalmente, súbitamente o progresivamente. Ya sea en un caso o en otro existe en la competencia un innato impulso a la superación.
El reconocimiento en la competencia bien puede ser individual como en el caso del autoreconocimiento o grupal y dependerá entre otros factores de la naturaleza del deporte especifico.
Siempre y cuando la competencia esté conducida por altos valores morales, beneficia no solo al individuo o grupo sino a la institución a la que pertenezca y al Deporte mismo.
El impulso de superación está íntimamente ligado a la sobrevivencia y a las tendencias de dominio que posee el hombre. Este impulso se presenta muy tempranamente en nuestra vida y es posible observarlo con claridad en los juegos infantiles. En estos, el niño repite en forma activa aquello que ha vivenciado previamente en forma pasiva. El juego sirve además como conducta que modela, limita, y recrea la fantasía del niño.
Profunda será la relación que se puede establecer entre el juego y el deporte ya que ambos tienen aspectos similares con el común denominador del placer como afecto primordial.
En estos juegos será posible hallar factores que hacen a la competencia, siendo un claro ejemplo el ejercicio de los roles vinculados a la autoridad, donde el niño aprende a manejarse con códigos en donde existe el líder, el que depende el que se mejora, el que compite. Estos juegos encontramos implícita la satisfacción imaginaria de necesidades vitales, dando sentido a toda la estructura personal tanto la física como la psicosocial. Estas necesidades vitales durarán toda la vida y a "posteriori" pueden ser satisfecha por las profesiones, el deporte y otras actividades canalizantes.
En todas estas es posible también la sublimación de la constitucional y natural agresividad humana, con el consecuente beneficio secundario.
Una adecuada competencia infantil favorece la evolución a diferentes, posteriores y más estructurados estadios que incrementan y facilitan la madurez físico emocional del niño.
De aquí la importancia del "juego-deporte" a edades tempranas. El niño al irse autosuperando en sus metas y marcas, ya adquiriendo una noción profunda del perfeccionamiento de sus propios recursos personales.
La consejera familiar Mayra Prado, indica que los niños son competitivos por naturaleza hasta cierto punto. Desde una temprana edad ellos aprenden sobre la rivalidad entre hermanos, la cual es la forma más temprana de competencia. Otras formas de competencia se aprenden de los adultos en sus vidas.
La competencia por sí misma no es mala. El concepto básico se capta desde muy temprano a través de la rivalidad entre hermanos. Los niños pueden empezar con los deportes organizados a los 3 a 4 años.
La competencia saludable es buena para el aprendizaje. Los niños aprenden varias destrezas como la cooperación con otros, las reglas del juego, desarrollan destrezas para resolver problemas, y cómo fijarse metas.
Los niños menores de 4 años que pueden ser muy chicos para jugar juegos muy competitivos, pueden jugar juegos donde socializan con otros niños. Pueden jugar juegos como sillas musicales, pasarse la pelota o inclusive deportes organizados como el fútbol donde todos tienen la oportunidad de jugar.
Introducir juegos competitivos a los niños cuando ya están listos tiene muchas ventajas. Aprenden que en la vida hay competencia y están mejor equipados para manejar estas situaciones. También pueden fomentar la cooperación entre todos. La competencia saludable tiene muchas ventajas para el desarrollo de los niños.
Para conocer más acerca de este tema, conversamos con la doctora psiquiatra Natalia Trencci.

¿Porque es importante que los niños aprendan a competir?
Es importante que los niños aprendan a competir consigo mismos, que se juegue un deporte con el único propósito de ganarle al otro es una visión más profesional del deporte, creo que en los niños debería ser practicado como una herramienta que sirva para aprender cosas útiles para la vida, además de desarrollar habilidades físicas, por esto es que recomiendo que la mayor competencia se incentive con uno mismo y no con otro.

¿Es bueno para un niño ser "el mejor"?
Muchas veces es importante para los niños ser "el mejor" porque los adultos les inculcan eso, ser en número uno, y eso es ejercer una presión terrible que estresa a los chicos. Si le preguntamos a los pediatras, seguramente afirmarán que están cansados de recibir niños con dolores de cabeza, de panza o muy nerviosos, y son todas manifestaciones de estrés que provoca una baja en su calidad de vida y su bienestar emocional.

Así como hay niños que quieren ganar en todo, hay otros que no les importa ganar o perder, ¿es bueno que no sientan la competencia?
Si se plantea que un niño juega a algo y sobre todo le importa divertirse y no se pone mal si gana o pierde me parece muy bien porque puede rescatar lo importante del juego y no quedarse intoxicado con el resultado del mismo.
Si por otro lado, se plantea que un niño juega y no le importa nada, eso genera una alerta porque quizá a ese chico las cosas le estén preocupando muy poco, quizá este vibrando poco o no le estén llegando las experiencias de la vida o quizá el decir "No me importa si gano o pierdo" es porque de antemano cree que va a perder, porque se siente un perdedor, por lo que dice que no le importa o no le interesa.

Frente a un niño con esa característica, ¿los padres deberían consultar?
A mi criterio la consulta en salud mental tendría que ser igual que ir al pediatra, para poder ir consultando y recibiendo asesoría en el estilo de crianza y en las distintas etapas que hay que ir enfrentando en la vida, a veces una consulta especializada o buscando material para leer e informarse de otra manera.


Doctora Natalia Trenchi.