Opinión > EDITORIAL

La economía en campaña electoral

La economía no seguirá el ritmo de la campaña electoral

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12 de septiembre de 2018 a las 05:00

El país está a un paso de ingresar en un período electoral en el que los acordes de la economía no acompasarán con los de la política, que sonarán a ritmo de campaña. La historia de Uruguay tiene ejemplos de sobra de que los partidos en posición de gobierno no tienen el coraje ni la responsabilidad para tomar medidas que son necesarias, aunque dolorosas, cuando sopla el viento en contra y la embarcación puede darse vuelta o no llegar a buen puerto porque no se preparó el barco para navegar en tiempos de marea alta. 

El lunes 10, El Observador informó acerca de las coincidencias de economistas de la plaza local y analistas de calificadoras de crédito en que en el próximo período de gobierno no hay margen para evitar un ajuste fiscal –sinónimo de aumento de impuestos como también muestra nuestro pasado– si se quiere empezar a desteñir el rojo de las cuentas públicas, en un país en que los contribuyentes ya enfrentan una enorme presión fiscal. Además, auguran los expertos, la próxima administración deberá pensar en una reforma de la seguridad social en consonancia con la realidad demográfica de un aumento de la expectativa de vida sin cambios favorables en la fecundidad de reemplazo. 
Los economistas creen que ante una profundización del deterioro económico externo –incluso sin llegar a tanto– el gobierno del Frente Amplio debería tomar la decisión de postergar gastos e inversiones para enfrentar el vendaval, sobre todo el que sopla desde los vecinos Argentina y Brasil. Y como va de suyo que no se va hacer por la música de la campaña electoral, entonces se agravará la situación fiscal y obligará a aprobar un ajuste más severo por el efecto de patear la pelota hacia adelante. 

Hay cierto consenso de que en 2020 no se logrará llevar el déficit fiscal a 2,5% del PIB  –meta prometida por el equipo económico–, casi un punto y medio porcentual menos del saldo en rojo actual, y que sin un ajuste de las cuentas públicas, el país va camino a perder el grado inversor tan necesario para lograr tasas de interés bajas en el financiamiento externo. 
Hace poco más de siete años, en el marco de la celebración  del 25° aniversario del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres), el economista Andrés Velasco, exministro de Hacienda del gobierno de izquierda de Michelle Bachelet, explicó en Montevideo que en Chile las administraciones socialistas implementaron una regla fiscal que vincula el gasto público al ingreso potencial de la economía.
Dijo entonces que los gobiernos deben ser muy celosos en las políticas monetarias y fiscales ordenadas si no quieren poner en juego el desarrollo del país cuando se registra una caída de precios de los bienes de exportación o eventos extraordinarios que dañan a la economía. 
Y fue lo que lamentablemente ocurrió en la mayoría de los países de la región, incluyendo a Uruguay, bajo administraciones “progresistas”: el exitismo por la marcha de la economía hizo perder la cabeza a los gobiernos que no aprovecharon el período de bonanza –aun sin una regla fiscal– para ahorrar recursos a los que echar mano en períodos de vacas flacas como el del presente. 

Un error que pagaremos todos aunque no seguramente los gobiernos que realizaron esas políticas procíclicas y que se dejaron llevar por el entusiasmo de la mayor bonanza externa para Uruguay de lo últimos 50 años.

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