Los atentados yihadistas del jueves pasado en Barcelona, en los que murieron 15 personas y otras 120 resultaron heridas, trajeron a la memoria el último de los ataques que habían puesto a España en el centro de la atención mundial: las cuatro explosiones provocadas por una célula de la red Al Qaeda en trenes de cercanía, cerca de Madrid, en la estación de Atocha, y que el 11 de marzo de 2004 habían dejado un saldo de 191 víctimas.
La estrategia antiterrorista que evitó atentados durante 13 años
Equipo especializado detectaba células en internet, los infiltraba y detenía a sus miembros
