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Santos, el club de Pelé... Santos, el equipo que realizó más homenajes a Nicolás Leoz en los últimos años. Santos, la institución que desafió a los poderosos de la Conmebol y fijó el estadio de Pacaembú.

Desde el momento en que terminó el partido en Liniers, Peñarol tenía claro lo que se le venía por delante. Una verdadera guerra fría. La paz fue una brisa de una semana.

El campo de batalla se volvió a minar: la designación de la cancha para el primer partido, la capacidad de Pacaembú, las escasas entradas que le van a brindar a Peñarol y los viajes a Asunción. Todo siempre bajo un manto de duda y sospecha donde queda la sensación de que, el que se duerme, pierde. Está claro que la historia se dirime dentro del campo, pero contra los brasileños los uruguayos tuvieron malas experiencias. Y el que se quema con leche...

El primer combate se libró en el terreno de la fijación de la cancha. Una pulseada que ganó el elenco brasileño superando la presión de la Confederación Sudamericana y de la propia Confederación Brasileña. Pero el presidente del Peixe, Luis Ribeiro, hizo oídos sordos. La capacidad de Pacaembú no es la permitida para las finales. Pero al diablo con todo. Juegan ahí.

El segundo combate fue por la designación de los árbitros. Santos movió las piezas primero. ¿Qué hizo? El presidente Ribeiro se tomó un avión y fue a visitar a don Nicolás Leoz a la sede de la CSF en Paraguay para manifestar su deseo de jugar una “final limpia” y pedir un “arbitraje imparcial”.

Ribeiro expresó antes de viajar: “Pretendo ir a Asunción para mostrar que estamos atentos. Nos gustaría ser bien tratados en Montevideo, como tratamos bien a todos los equipos que nos enfrentan aquí”.

El directivo protestó por el clima hostil del partido contra Cerro Porteño en Asunción. El ómnibus que trasladó al Peixe fue apedreado a la llegada y salida del estadio La Olla. Los incidentes determinaron que 58 barras de Santos fueron procesados. El presidente se quedó en Asunción para liberarlos. “Lo ocurrido fue inconcebible”, expresó.

Conclusión: los jueces son Carlitos Amarilla en la ida y el argentino Sergio Pezzotta en la vuelta.

Peñarol reaccionó ante toda esta movida. El presidente Juan Pedro Damiani y el vice Edgar Welker pensaron en viajar a Asunción, como el presidente de Santos, para hablar con Nicolás Leoz pero la idea no prosperó por la cancelación de los vuelos por la ceniza volcánica.

El tercer combate se libró en el terreno directriz por las entradas. Peñarol viajó a Brasil para estar al tanto de la movida. Claro, acá hay una locura por Peñarol. Y en San Pablo le comunicaron que apenas les brindan 1.800 boletos. Y se armó la bronca.

El gerente deportivo aurinegro pidió 2.000 pero por razones de seguridad argumentan que nos les puden brindar más boletos. Los aurinegros entregan 4.000 a los visitantes pero ante esta situación ya avisaron que los pondrán en un rinconcito.

Y cuidado, mucho cuidado, porque el tema de la seguridad no es menor. Santos tiene a la famosa “Torcida jovem” que generó disturbios en Asunción. Fueron vistos destruyendo una puerta de vidrio en un restaurante de la capital paraguaya, donde arrojaron sillas y mesas contra los clientes y sometieron a golpes de puño y puntapiés a un joven presente en el lugar. Ellos aseguraron que actuaron en “defensa propia” y que tienen su conciencia tranquila.

El 15 de junio en Montevideo y el 22 en San Pablo, en el estadio Pacaembú, se librará la verdadera batalla entre Peñarol y Santos. Hoy los que pelean la guerra fría son los dirigentes.

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