Hora 20.30. Llega el ómnibus aurinegro. Las afueras de la Ámsterdam se conmueven. La gente se arremolina. Las gargantas se enfurecen. El cemento vibra y se agita. El cielo, gris plomizo, se parte en un grito que nace de las entrañas de un ente que tiene alma propia: ¡Peñarol!
La hinchada que escribe historias
El recibimiento que la parcialidad aurinegra le tributó a su equipo fue el mejor en 51 años de copa; los que ya estuvieron en una final lo revivieron, los que se emocionaron por primera vez ahora lo saben: esto es Peñarol