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Zakia, una mujer afgana de 18 años, y Mohammad Ali, de 21, son hijos de agricultores de Bamian, una remota provincia en las sierras de Afganistán. Protagonizan una historia digna de amor de Romeo y Julieta, a pesar de nunca haber escuchado sobre el clásico de Shakespeare, que recoge este lunes el New York Times en un extenso reportaje. Están enamorados e involucrados en una historia de amor digna de llamarse "Romeo y Julieta", ya que ambos se identifican plenamente con los personajes de la historia.

El periodista Rod Nordland cuenta que desde que se conocieron, no han estado solos en una habitación; pero de todas maneras han declarado sus intenciones de casarse. El problema es que ambos pertenecen a diferentes etnias, lo que motivó la molestia de ambas familias, sobre todo la de ella, que los amenazó de muerte por deshonra al apellido.

Zakia está actualmente refugiada en el Ministerio de la Mujer, aunque la ley afgana ordena que sea devuelta a su familia, a pesar de que ella asegura que la matarán antes de que llegue a su casa.

La historia refleja una problemática de fondo: en Afganistán, es muy difícil poder elegir su propio compañero, ya que casi todos los matrimonios son arreglados por los padres, y tienen un precio por detrás. Es muy difícil romper con esta costumbre, ya que se cometería un crimen de honor; explica el New York Times.

Zakia y Mohammad Ali se conocieron de niños, trabajando en campos vecinos en la villa de Khame Kalak (cerca de la capital de la provincia). Entablaron una estrecha amistad, que fue cortada abruptamente. Cuando ella creció no se pudieron seguir viendo; ya que llegada la pubertad, las mujeres deben estar cubiertas y salir sólo con familiares masculinos.

Mohammad Ali pertenece al grupo de los Hazara, que son en su mayoría musulmanes chiítas. Zakia pertenece al grupo de los Tayiko, un grupo étnico sunita.

La crónica cuenta como, cada tanto, Mohammad Ali localizaba a Zakia mientras trabajaba en el campo y veía sus ojos bajo el pañuelo de la cabeza. Había despertado un interés en Zakia, y pensaba que era recíproco, que ella también lo quería. Para poder contactarla, Mohammad Ali consiguió una chica intermediaria, que le dio a Zakia un celular para poder comunicarse. Durante cuatro años Zakia escondió el teléfono y hablaba una vez por semana con su amado.

En dos ocasiones, Mohammad Ali pidió al padre de Zakia permiso para cortejarla, aunque fue rechazado, incluso, ofreciendo por su amada parte de los campos de la familia del novio. Ante la negativa, Zakia tomó la iniciativa y se presentó dos veces en la casa de Mohammad, suplicando a la familia casarse con él. La familia de Mohammad la envió a su casa las dos veces, y golpearon al novio de una manera tan brutal que debió ser hospitalizado.

Luego de la segunda visita, Zakia también fue muy golpeada por su familia, y le quitaron su celular. Entonces partió por tercera vez a la casa de su amado "ví que no había otro lugar dónde ir". Mohammad Alí y su novia se presentaron en el Ministerio de la Mujer. Eso no impidió que la familia de la joven la persiguiera por el ministerio tratando de encontrar a los jóvenes.

Una vez que se restableció el orden en el Ministerio, la familia de la chica explicó que ella ya estaba comprometida con otra persona, sobrino de la familia, que ya había otorgado un pago por el matrimonio; aunque Zakia negó haber dado su consentimiento para ese compromiso. Por esa razón estaba pidiendo refugio, y el asunto ha sido remitido a los tribunales.

Según denuncia el Times, la joven fue engañada por los jueces (pertenecientes a su secta) quienes la hicieron firmar, con su huella digital, acordando que volvería con su familia; y su familia también declaró que si la joven volvía a su hogar no le harían daño. El juez le explicó a Zakia que todos allí eran Taikos, y los deshonraría si se casase con un Hazara. Zakia confesó que no tenía idea de lo que le habían hecho firmar con su huella digital, y fue apoyada por la jefa del Ministerio de la Mujer, Fátima Kazimi, quien considera a la joven como una mujer libre de hacer lo que eligió.


Hace cinco meses que la joven está en el refugio, y no ha podido hablar con Mohammad Ali. Zakia tiene miedo que su familia trate de hacerle daño. "Si él debe morir, yo también debo morir" dijo la joven en una entrevista en el Ministerio de la Mujer.

Por otra parte, Mohammad Ali dijo: “Todavía sigo en pie con mi palabra, y voy a tratar de llegar a ella hasta la última gota de mi sangre", y amenazó con suicidarse si algo le sucede a su amada.
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