ver más

La férrea dictadura franquista amordazó las expresiones nacionalistas de las diversas regiones que conforman España. La válvula de escape que encontraron los habitantes de las otras patrias ibéricas para canalizar sus sentimientos de identidad colectiva fue el fútbol.

Esa íntima historia política del balompié español escribirá este viernes un nuevo capítulo cuando se enfrenten en la final de la Copa del Rey los dos equipos que mejor expresan las reivindicaciones nacionalistas: el Fútbol Club Barcelona y el Athletic de Bilbao. Además de la trascendencia deportiva que concita el encuentro, al tratarse de una final entre el laureado Barça y el sorprendente Bilbao, se suman otros ingredientes que encienden el tono político del evento deportivo.

Por un lado, la denominación del torneo como Copa del Rey junto con la tradicional presencia del monarca, que es quien entrega el trofeo al campeón (últimamente el rey Juan Carlos de Borbón ha sido suplantado por su hijo, el príncipe Felipe), así como la irradiación del himno español antes del partido alimentan en los nacionalistas un resquemor que echa raíces en el sueño republicano que la guerra civil usurpó.

Por si fuera poco, este año quiso que el escenario de la final –que se fija antes del inicio de la competición– fuera nada menos que el estadio del Real Madrid, institución que en el imaginario colectivo guardó una estrecha relación simbólica con el régimen de Franco. Sin embargo, la dirigencia madridista se opuso a prestar su campo de juego para que lo utilice su rival azulgrana, alegando una represalia con la institución catalana que en el pasado había mostrado una actitud similar. La final no se movió de la capital española. Su remplazo fue el Vicente Calderón, el escenario del Atlético de Madrid.


Antecedente

La severa crisis económica que padece España y la presencia en el gobierno del Partido Popular –reacio a ceder ante las aspiraciones independentistas– otorgan a esta final entre catalanes y vascos un clima más turbulento que en 2009, cuando los dos equipos disputaron la polémica final de la Copa del Rey en Valencia.

Aquel partido generó fuertes reacciones luego de que una ensordecedora silbatina de las dos parcialidades reprobara la difusión del himno español y la presencia en las gradas del matrimonio real.

La transmisión del evento sumó más críticas. La emisión en vivo del evento que realizaba el canal público Televisión Española sustituyó la entonación del himno con sonido directo por una grabación, para que los televidentes no se enteraran de los abucheos. El incidente provocó la destitución del responsable de deportes del canal por el acto de evidente censura.

La Justicia desechó las denuncias por “ultraje a la nación” presentadas hace tres años por los sucesos de Valencia, ya que los vinculó al derecho de expresión.

Por si faltaba más picante, esta semana la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, echó más leña al fuego al solicitar que se suspenda el partido y se dispute a puertas cerradas en otro lugar, de forma de evitar posibles silbatinas, posibilidad que fue rechazada.

Más allá de la polémica, la pelota volverá a rodar este viernes en la verde gramilla del Calderón