La historia espera
Peñarol se juega desde las 21.50 hs. la final de la Copa Libertadores ante Santos; la camiseta aurinegra le contó a El Observador cómo vive la previa
En 1987 fue radio Carve quien puso al aire a la camiseta de Peñarol hablando a los hinchas horas antes de la tercera final en Santiago de Chile, que el carbonero ganó 1-0 en el minuto 120 del alargue con gol de Diego Aguirre (escuche el audio). Esta vez no hay tercera final, y todo se definirá en el Pacaembú de San Pablo. Por eso, la casaca aurinegra llamó a la redacción de El Observador: tenía ganas de hablar.
¿Pero, sabés que? Como te dije antes de Velez: Confiá. Los vi en el silencio de Los Aromos en estos días. Los vi sobrecogidos por el amor de los hinchas en el aeropuerto. Los vi ayer, en Pacaembú, entrando a la cancha inmensa y vacía. Otros se hubiesen encerrado, puesto cara de perro o se los hubiese comido la presión. Pero no ellos. Iban con el respeto que exige la hora, pero también con alegría: la alegría de estar allí.
Es que, si te ponés a pensar, esas sonrisas no son solo de Aguirre, ni de Olivera, Mier o Valdez. Me dirás loca, pero mientras veía a Martinuccio yendo a buscar una pelota lo vi al negro Joya corriendo contra la Olímpica una tarde de sol. Ví a Aguiar tirando una pared con Pedrito Rocha. Vi al Tano Gutiérrez ordenando a Valdez y Guillermo, y al Chueco Perdomo tirándose a los pies de un volante para ayudar a Freitas. Ví a Darío juntándose con el Tito Goncálvez, con el Indio Olivera, con Obdulio Trasante, maquinando alguna forma de parar a Ganso y Elano. ¿De Neymar? Se ocupan Mazurca y el Seba Sosa, dijeron.
Obvio, también ví por ahí cabezazo de Spencer a Carrizo en el 66, la pierna del Nando Morena doblándose en el aire para dejar parado al arquero del Cobreloa, el zurdazo de la Fiera que hizo agarrar la cabeza al defensa colombiano que intentaba cerrar. Pero de esas no te tengo que hablar yo: te las hicieron acordar los jugadores en toda esta Libertadores.
Por eso, otra vez, quedate tranquilo: yo no te voy a fallar. Ya viste en el Centenario a Alejandro González multiplicando piernas y brazos para marcar a Neymar, o a Darío, cuando no, subiendo, bajando, amagando, pateando y hasta tirando un sombrero que si hubiese entrado había que cerrar el estadio. Ya habías visto a Sosa atajando hasta el aire contra Inter, o al Lolo llorando en San Pablo de Apoquindo. Viste a la mano del destino haciendo resbalar al Tanque Silva, cuando todas las otras cosas habían fallado. Viste como renació la mística.
Entonces te diste cuenta como era verdad aquello que tu viejo de contaba de mí. El guión de esas historias que te erizaban la piel, con las que aprendiste a que siempre se puede esperar un poco más. Que cuando más se necesita siempre puede aparecer un plus extra, en el último minuto, en el último segundo.
No sé cómo terminará la historia. Pero, como la vez pasada, te puedo decir que esta noche te vas a ir a dormir orgulloso. Ellos van a salir a la cancha conmigo, y se van a abrazar a cada una de esas cosas que te hicieron explotar el pecho de orgullo en todo este camino. Quedate tranquilo pibe: ni yo, ni ellos, te vamos a fallar. Te lo promete tu amiga: la camiseta de Peñarol.