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Irregularidad, falta de ideas y de claridad, errores en todas las líneas del equipo, jugadores que no rinden lo que se espera de ellos. Muchas son las causas por las que Peñarol no funciona. Su técnico, Jorge Da Silva trató por todos los medios luego de asumir, cambiar el panorama sombrío de los últimos tiempos, pero hasta ahora, de forma infructuosa.

En sus primeros nueve partidos al mando, ganó tres, empató tres y perdió otros tantos. Quizás lo más trascendente de esto sea que anotó 18 goles, pero que le convirtieron 17. Muchos.

Este plantel ha transmitido poco tanto en los últimos encuentros del Apertura como en lo que va del Clausura. No convence, no contagia y hay partidos trascendentes que no ha sabido cerrar.

Así le ocurrió en el clásico –que definiría luego el Apertura–, recibiendo un gol por el que perdió en los minutos de adición. La historia se repitió tres veces más en este último mes calendario: ante Universidad, en Chile, cuando quedó eliminado, contra Danubio en Jardines y el domingo pasado ante Fénix.

Además, otro problema que arrastra de 2011 es la acumulación de rachas negativas. En el Apertura perdió 11 puntos de 12 seguidos. En lo que va del Clausura, dejó por el camino siete de nueve. ¿Ya entregó el campeonato? No, falta mucho. Pero son unidades que pueden doler demasiado al final.

Los benditos parates
“Hoy empatamos, pero ahora viene un parate que nos va a venir muy bien para que los jugadores se pongan a punto”, dijo Gregorio Pérez tras igualar 0-0 con Cerro el 15 de octubre pasado. Sin embargo, a partir de allí, todo desbarrancó.

Algo similar ocurrió y por dos veces con Da Silva. En el último parate, ni viajaron a Medellín Estoyanoff, Aguiar, Darío, Valdez, Zalayeta –todos jugaron ante Fénix el domingo–, Carini y Santiago Silva. Los regresos de esos días de puesta a punto tampoco ayudaron.

¿Qué es lo que más sirve? ¿Parar durante algunas semanas o hacer como Defensor que en siete días jugó en la altura de Quito, ante Racing y Vélez y consiguió dos victorias seguidas?

A esta altura, en Peñarol nada está claro y no existen caminos intermedios. El plantel tuvo libre el lunes, vuelve el martes en doble turno y el sábado lo espera Cerro. Se impone la hora de un cambio.