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Marcus Luttrel formaba parte de las fuerzas especiales de la marina estadounidense, y se encontraba en Afganistán, junto con tres compañeros, en una misión para localizar a un líder talibán. Luego de que asesinaran a sus colegas, el afgano Mohammad Gulab apareció para salvarle la vida. Luego de ocho años, se volvieron amigos inseparables.

La historia comienza en 2005, cuando Luttrel se quedó junto a tres colegas en una montaña de Afganistán para intentar dar con un líder del ejército talibán.

Según contó el estadounidense al programa 60 Minutes Overtime, de CBS, todo empezó cuando el equipo de la marina fue descubierto por un grupo de pastores de cabras. Luego de discutir, dejaron ir a los pastores. Sin embargo, una hora más tarde, el grupo se vio superado en número por sus enemigos. Tras un feroz tiroteo, sus tres compañeros y otros 16 estadounidenses que se acercaron a ayudar fueron asesinados. Luttrel fue el único sobreviviente.

Esta fue la mayor pérdida que tuvo la marina estadounidense luego de la Segunda Guerra Mundial, informó 60 Minutes.

Luttrel se encontraba herido y tuvo que arrastrarse durante una hora, hasta que llegó a una cascada, donde se enfrentó a varios aldeanos. Entre ellos se encontraba Gulab, quien, según afirmó el marino al programa estadounidense, fue quien le salvó la vida y lo protegió de los talibanes.

Sin embargo, según contó Gulab, la decisión de ayudar al militar herido respondió a un código de honor de su tradición, llamado "pashtunwali", por el que deben ayudar a quien lo necesite.

"Los cinco días que estuvimos juntos, nos proyectaron de 20 a 30 años hacia el futuro”, aseveró Luttrell al periodista Anderson Cooper.

Los talibanes llegaron y le ofrecieron a Gulab todo tipo de cosas, a cambio de que entregara al marino estadounidense. Pero el afgano se negó, por lo que puso en riesgo no solo su vida, si no también la vida de toda su comunidad.

"Las personas morían todos los días. Nosotros hacíamos todo lo posible para mantenernos con vida. Él no me conocía. Perfectamente podría haberme dejado morir. Sin embargo no lo hizo", confesó Luttrell.

A partir de entonces, ambos se volvieron íntimos amigos, e incluso en la actualidad, ocho años más tarde, Gulab viaja de vez en cuando hasta Texas, para visitar a Luttrel.

La amistad entre ellos, según acotó Cooper, se parece a los amigos de la vejez, quienes, más allá de la barrera idiomática, disfrutan de compartir momentos juntos, sin que ni siquiera sea necesario decir una palabra.
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