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Por aquello de que los hinchas de Nacional y de Peñarol suelen iniciar cada Copa Santaner Libertadores refugiándose en los libros de historia, esa que supo de grandes campeones uruguayo y que les permite soñar con volver a reeditar alguna de esas noches gloriosas, y porque los aurinegros reforzaron las esperanzas en 2011 con un memorable vicecampeonato, el revolcón fue más grande. Y no es para menos.

Peñarol realizó la peor campaña de su historia, anotó dos goles en cuatro partidos y recogió un solo punto. En la cuarta fecha, y cuando todavía quedaban dos por jugar, ya estaba eliminado y no había calculadora que le permitiera combinar cruces para promover la más remota chance. Ahora tiene que sufrir los dos últimos partidos, el martes en Medellín, con todo el morbo que arrastran los cuatro goles que Nacional le convirtió en Montevideo. Y, luego, la despedida ante Godoy Cruz en el Estadio Centenario.

Nacional parecía estar ajeno a esa situación. Si bien su recorrido por la Copa no le sonreía, dependía de sí mismo y un triunfo en Paraguay el jueves lo acercaba a la clasificación. Pero en unos minutos, lo que demoró el argentino Marcelo Gallardo en recostar al equipo en su cancha para darle los espacios al rival para llegar a la victoria, se derrumbó la ilusión. Derrota ante Libertad y afuera. Otra vez, como en 2011, en la primera fase.

Con el actual formato, de 38 equipos, y con Nacional y Peñarol disputando la fase de grupos, la edición 2012 quedará en la historia de la Copa como la más pobre producción de ambos. Algunos dirán que 2005 fue peor, pero en esa ocasión Peñarol no pasó la fase previa (que ahora se conoce como primera fase de la Copa) y Nacional, dirigido por Martín Lasarte, quedó último en el grupo 5 (vaya coincidencia, el mismo que este año), que compartió con River argentino, Junior de Colombia y Olmedo de Ecuador, ganó un solo partido, perdió cinco, anotó siete goles y recibió 12.

Desde entonces, uno de los grandes siempre superó la serie de grupos. Fue Nacional el que sacó la cara por el fútbol uruguayo, hasta que el año pasado Peñarol se apuntó en la final del torneo.

“Es un duro golpe”, dijo Gallardo después del partido. “Veníamos ilusionados con llevarnos un buen resultado de acá para tener esperanzas en el partido ante Vasco”, sentenció y se despidió en su primera Libertadores.

Sin chances de pensar en la Copa, a Nacional y a Peñarol no le queda otra que alentar a Defensor Sporting, que sigue en carrera en el grupo 7. Y además de aplaudir a los violetas, irán por el consuelo de ganar el Campeonato Uruguayo como gran recompensa. Aunque resulte escaso, será una gran retribución después de la mala experiencia en la Libertadores 2012.