La desorganización de la Asociación Uruguaya de Fútbol –una mochila de la que se despojó la selección y que aún mantiene la actividad local–, un año calendario sin partidos amistosos para la celeste, los viajes siempre en vuelo de línea, desde Europa a Montevideo y desde Montevideo a cualquier ciudad de Sudamérica que marcara el calendario de las Eliminatorias. Con suerte, los que podían, desembolsaban los dólares que necesitaban para pagar la diferencia y que el pasaje abandonara la incomodidad de la clase turista para disfrutar los privilegios de Primera o Ejecutiva. El espíritu de grupo y el corazón como puentes para conseguir los objetivos, por encima del profesionalismo que exigía el fútbol del siglo XXI. La lesión de Forlán en el partido de ida del repechaje en Montevideo, el interminable viaje a Sídney en vuelo de línea después del partido, mientras los australianos retornaron a su país con todas las comodidades del chárter. El entusiasmo del hincha, ese que no se cae ni en las situaciones extremas.
La noche más amarga
El 16 de noviembre de 2005 el estadio Telstra de Sídney fue testigo de la eliminación celeste; el periodista de El Observador vio como nunca el rostro de la desilusión en un equipo