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No es la cara escondida porque siempre estuvo allí, tan real como la otra. Pero por muchas décadas el este fue la zona salvaje de la península de Punta Ballena.

Si en la ladera oeste estaba esa enorme mancha blanca sobre las rocas que es Casapueblo, y luego otras casas privadas, en la ladera este siempre hubo descampado: pastos y arbustos bajos iban hasta el borde del precipicio de más de 50 metros de altura que se corta a pico. Allá abajo, golpean contra las rocas las olas de la bahía de Maldonado.

Durante décadas, de ese lado de la Ballena solo estaba la antigua boite Las Grutas (incrustada dentro de una caverna en la roca y cerrada desde hace más de 10 años) y el parador El Chiringo, comandado por Beba Páez, hija del pintor Carlos Páez Vilaró. Un hermoso boliche en un lugar increíble, un parador de leyenda, una preciosa playa y unas pocas casas desperdigadas entre los médanos.

Y no mucho más. La vista de la ladera desde la playa de El Chiringo mostraba un cerro descampado usado por aficionados al ala delta o al parapente. Pero eso cambió. Y la explosión es ahora.

La razón de la ausencia de desarrollos inmobiliarios en esa mitad de la Ballena (de unas 20 hectáreas de extensión) se debía al litigio entre el Estado y los herederos de la familia de Antonio Lussich, propietario del arboreto y de toda la Punta Ballena.

A finales de 2004, la Suprema Corte de Justicia le da la razón a la familia Lussich en el reclamo y a partir de entonces comienza a estudiarse la posibilidad de lotear y desarrollar la zona para emprendimientos habitacionales.

Hace por lo menos dos años comenzaron a desarrollarse algunos proyectos sobre la ladera este. Se trata de emprendimientos de capitales argentinos con características similares que han elegido las estructuras en terrazas para acompañar la caída de la pendiente de la Ballena e intentan acompañar el paisaje.

Afra, Terrazas de la Ballena, Altamar y Syrah son algunos de los emprendimientos que ya se encuentran en construcción. Si bien se encuentran en diferentes fases, hacia finales de 2014 ya habrá edificios terminados y prontos para habitar. “Cuando todo esto esté funcionando, se van a sumar unas 1.000 personas nuevas al barrio”, dice Gustavo Bruder, de Syrah.

Estos proyectos se componen de edificios bajos (máximo tres pisos), orientados hacia el levante, lo que les concede una vista particular de la bahía: en primer plano aparece la enorme extensión de mar, luego la isla Gorriti, apenas detrás la península y al final la isla de Lobos.

El ángulo de la ladera, pero sobre todo la altura, hace que se recupere desde la perspectiva de la Mansa una visión de ambas islas, un elemento raro en las vistas de Punta del Este. De noche, a la oscuridad del mar solo la corta la lejana línea de luces de la Mansa.

La normativa municipal permite construir en Punta Ballena solo 1,20 metros por encima de la ruta panorámica, lo cual llevó a tomar la decisión de las terrazas balcón que conforman el conjunto. Después, el resto de las normativas son las que se aplican al resto de la zona, se debe brindar servicio de estacionamientos para la viviendas y también estacionamientos de cortesía. Los retiros laterales deben de ser de 3 metros.

El arquitecto Fernando Romero, director de Syrah, explicó a El Observador los criterios rectores del proyecto. “Punta Ballena es un ícono de la naturaleza y representa eso. Respetarla como tal fue nuestro criterio de diseño , un proyecto de bajo impacto con mucho respeto a la naturaleza, donde el verde, la piedra y el agua sean los ejes del desarrollo. Materiales nobles, mucha tecnología, abundante vegetación y sobre todo muchas flores van a hacer de este un lugar único”, dijo.

En cuanto al uso de la tecnología en consonancia con el paisaje, el proyecto de Altamar tendrá el primer ascensor panorámico y en pendiente de Punta del Este, que conectará los diferentes niveles del complejo.

Un barrio que crece

Este movimiento de bienes y personas ha repercutido en el barrio Las Grutas y hay nuevas apuestas para brindar mejores servicios en una zona que había quedado detenida en el tiempo y literalmente al costado de la ruta. Las obras provocaron que se abrieran nuevas calles y que aumentaran los alquileres para las personas vinculadas a los proyectos. “En mi opinión creo que impactará positivamente en cuanto a categoría del territorio, puesto que con todos los emprendimientos de la zona se dotará al lugar con infraestructuras, entre ellas, calles peatonales, plazas públicas, saneamiento, lo cual le proporcionará un valor agregado al ya existente”, comentó Mariana Frutos, arquitecta del proyecto Altamar.

“Si lo miramos desde el punto de vista ambiental, pensamos que no va a tener impacto dada la baja densidad y la convivencia de nuestro proyecto con la morfología del lugar. Si lo miramos como desarrollo urbano, mantiene el equilibrio pensado cuando se establecieron las normativas que hoy están vigentes. Creemos que este proyecto es muy positivo para ese pequeño lugar, muy pintoresco y tranquilo”, opinó Romero.

Sobre la playa El Chiringo se abrió esta temporada un nuevo parador que este verano lleva el nombre de Caras Uruguay. Además de esto, otra nueva propuesta en Las Grutas es el bar boutique El Encanto, donde todo el año funciona la escuela de modelos de Walkiria Mielech. Mezcla de tienda de ropa de diseño, almacén y despensa fina (tiene, por ejemplo, una línea de chocolates propia), El Encanto pretende transformarse en poco tiempo en un minimercado de calidad para abastecer a una zona en crecimiento.

“Las Grutas tiene un formato de barrio privado sin ser un barrio privado, porque la naturaleza lo hizo así: está cercado por la Ballena, el mar y las dunas, y tiene solo una vía de entrada y salida. Es un lugar seguro”, dice Gustavo Rivero, propietario argentino de El Encanto, pero residente desde hace 15 años en el barrio.

A unos metros de El Encanto está el hostel Casablanca, inaugurado una semana antes de fin de año. Sus dueños son muy jóvenes: Martín Cortinas (24 años) y Florencio Páez (23 años, hijo menor de Carlos Páez Vilaró) se asociaron para remodelar y reciclar unas casas y un galpón en un terreno de la familia. Esto ha atraído a turistas extranjeros jóvenes a Las Grutas. Tiene una capacidad para 42 personas y sus precios van entre los $ 450 por una cucheta en una habitación compartida y los $ 1.200 por una habitación privada con baño.
Casablanca pretende transformarse, además, en un lugar de eventos que convoque gente con diferentes intereses. Este domingo 13, por ejemplo, se realizará contest de skate en una rampa fabricada dentro del predio.

En el terreno lindero con el hostel se encuentra la taberna Las Grutas, cuyo responsable es Alejandro Páez, otro de los hijos de Carlos. Funciona como restaurante y parrillada que ofrece una carta gastronómica en un territorio hasta ahora bastante virgen.