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Hablando esta semana en un comité de base del Frente Amplio, la senadora del Movimiento de Participación Popular (MPP) y primera dama, Lucía Topolansky, opinó que la izquierda debe tener un medio de comunicación, dijo que hay diarios que carecen de ética y "mienten flagrantemente", y cuestionó que haya medios en manos de extranjeros. "A radio El Espectador la compró radio Clarín y a El Observador lo compró Correia , que es un brasilero que se instaló en el Uruguay y es dueño del frigorífico PUL", dijo la primera dama, y sostuvo que esas adquisiciones buscan darle a los medios "una orientación política", presuntamente para actuar contra el gobierno. En El Espectador negaron que la radio haya sido adquirida por Clarín, el diario argentino, nada que ver con una radio. En tanto, a El Observador no lo "compró" nadie, y quien sí invirtió en el diario fue el empresario brasilero Ernesto Correa (no Correia, aunque Correia suene más brasilero) quien, además, ya no es más propietario de ningún frigorífico. Al margen del collar de imprecisiones en que incurrió Topolansky en estas afirmaciones, llama la atención que la primera dama haya obviado mencionar otra inversión de extranjeros en medios en la que el gobierno participó activamente. El presidente José Mujica y el embajador en Buenos Aires, el emepepista Guillermo Pomi, tuvieron contactos con figuras del gobierno argentino para acercar al empresario Gustavo Yocca, quien terminó comprando el diario La República, el canal TV Libre y AM Libre (lo cual no tiene nada de malo). Pomi participó, con conocimiento de Mujica, en reuniones entre los ex dueños de La República y los empresarios kirchneristas que compraron el multimedio que dirigía Federico Fasano. Pero la primera dama, por alguna razón, obvió mencionarlo. Llama la atención también que Topolansky se preocupe por la relación del gobierno con los medios, cuando Mujica se ha quedado pipón de comer asados con los principales ejecutivos de los canales, tanto de TV abierta como del cable (lo cual no tiene nada de malo). Y llama la atención que la primera dama compare la relación entre gobiernos y prensa de otros países de la región con la de Uruguay, donde, a pesar de que el Poder Ejecutivo vive de patinada en patinada y de polémica en polémica, los vínculos con los medios son más que respetuosos. Con este tipo de pensamiento parece lógico que la izquierda no haya podido tener aún un medio de comunicación propio que sea respetado y, por ello, útil. ()

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