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Es la primera vez que los pobladores de Rjukan, un pueblo noruego ubicado al pie de una montaña, reciben luz solar durante el invierno. La ciudad, que se encuentra rodeada de montañas de gran altura, suele estar a la sombra durante seis meses, y sus residentes tienen que tomar un teleférico que los lleve a la cima de un precipicio, para poder adquirir, durante el mediodía, un poco de vitamina D.

Sin embargo, este miércoles los rayos de sol alcanzaron la plaza principal de Rjukan, luego de que se colocaran sobre una montaña tres espejos gigantes, informó The Guardian.

Los pobladores aprovecharon para sacar sus reposeras. Incluso, algunos tomaban tragosmientras se paseaban con banderas noruegas, para celebrar el primer rayo de sol invernal que recibía el pueblo. Sobre el suelo de la plaza principal, un círculo de luz invitó a los residentes a concentrarse. A pesar de que los rayos no caían de forma directa, los pobladores afirmaron que se notaba una diferencia en la temperatura. A diferencia de los días típicos de frío invernal, este miércoles Rjukan alcanzó los 7º C.

“Antes cuando hacía un lindo día, se notaría el cielo azul y así uno sabía que el sol estaba brillando. Pero no se podía ver. Era muy frustrante”, manifestó Karin Roe, quien se encontraba en la oficina turística de la zona.
“Se siente cálido. Durante los días de semana, cuando no haya tiempo para subir hasta la cima de la montaña, será encantador salir por una hora y sentir el calor sobre mi cara”, agregó Roe.

La idea de iluminar este pueblo noruego había surgido hacía 100 años. El trabajador industrial Sam Eyde había construido una torre para brindar a los trabajadores una planta hidroeléctrica, un plan que nunca se llevó a cabo. Luego, durante la Segunda Guerra Mundial, los alemanes invadieron la fábrica.

El director del Museo Industrial de Noruega, Jan-Anders Dam-Nielsen, manifestó que este experimento llevaría a una nueva etapa en la historia de Rjukan. "Pronto vamos a celebrar 70 años desde que los saboteadores atacaron la fábrica", aseveró. "Entonces vamos a pensar en cómo marcamos esto. Este es un día muy importante en la historia de este pueblo. Y al igual que los espejos reflejan el sol, vamos a reflejar esto en el museo", comentó.

Ahora, los tres espejos, que miden 17 m2, reflejan el sol para iluminar cerca de un tercio de la plaza del pueblo. Estos fueron instalados con un helicóptero a 450 metros sobre el nivel en el que se encuentra la pequeña ciudad. A lo largo del día siguen el trayecto que realiza el sol, para continuar iluminando a medida que este se mueve.

La idea del siglo anterior volvió a renacer en 2005 gracias a Martin Andersen, un artista que vive en el publo, quien ayudó a juntar el dinero.

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