Margarita Kemayd tiene un sueño recurrente en el que camina sobre el agua. Piensa que no es casualidad: "Es como que el agua y yo somos uno, nunca me hice la pregunta pero debe querer decir que estoy superando el elemento".
Margarita Kemayd tiene un sueño recurrente en el que camina sobre el agua. Piensa que no es casualidad: "Es como que el agua y yo somos uno, nunca me hice la pregunta pero debe querer decir que estoy superando el elemento".
Lo más cerca que había estado Kemayd de la natación en su vida había sido por instinto. Para sus familiares era todo un problema llevarla a la playa de niña porque al poco tiempo desaparecía y terminaba en una isla o en algún árbol alejado.
No fue hasta cerca de los 60 años que el ahora vicepresidente de la Federación Uruguaya de Natación, Felipe Vidal, la invitó a sumarse a la Liga de Natación Máster. Para empezar a competir no le alcanzó con saber nadar. Tuvo que aprender a tirarse del cubo, a dar la vuelta americana y a agilizar la patada. A pesar de que entrena con personas que son 20 años más jóvenes logra mantener el ritmo y quiere más: "Seguiré aprendiendo hasta morir", dice.
La liga organiza a sus nadadores por grupos y Kemayd está ahora en el de entre 74 y 79 años: "No estoy en el mejor momento de mi categoría porque a mi edad un año ya pesa", lamenta. Sin embargo, en su "peor año" ganó la medalla de oro en los 1.500 metros de las aguas abiertas en Auckland y llegó a competir a Budapest.
En una ocasión, el agua estaba demasiado fría y podía sentir los pinchazos en la frente, pero mientras varios dejaban la carrera, ella no dejó de bracear. Fue en Piriápolis y no fue la primera vez en que se enfrentó al riesgo. En los Panamericanos de México quedó atrapada en medio de una tormenta sin referencia geográfica de hacia dónde ir pero se las ingenió para salir primera. "Yo cuando me tiro, me tiro a terminar".
La cuestión de los límites puede volverse un problema. Dice que no le tiene miedo al agua y que incluso podría dormir mientras flota pero al poco tiempo se rezonga a sí misma: "Está bien que me guste tanto nadar y que me ponga las pilas, pero tampoco se debe jugar contra una hipotermia".
Al preguntarle a Felipe Vidal, sanducero que la conoce desde sus inicios, el hombre la describe como una luchadora. "La familia le dice que no participe, que se cuide porque puede correr riesgos, pero es muy audaz". Margarita Kemayd y Daniel Durán, nadador de 87 años, son los referentes para el resto por su constancia en los eventos deportivos. Vidal supera la rivalidad histórica entre los nadadores de Mercedes, Paysandú y Salto para reconocer una característica que los une: fueron los tres departamentos pioneros en la natación para adultos.
"No todo es ganar medallas y superar récords. Lo principal del deporte es lo humano. Somos competidores, pero en el agua somos amigos. Cada viaje implica nervios, esfuerzo y tensiones, pero también es reencuentro, solidaridad y colaboración", dice. La nadadora encontró en la natación una excusa para viajar y se recorrió el mundo para participar en competencias. Sin embargo, va por más, y quiere que su historia anime a otros a intentar caminar sobre el agua.