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Un piano suena lento, melancólico, triste, mientras la cámara filma la arena mojada, salpicada de los cuerpos inertes de decenas de pingüinos que van apareciendo en cada metro. El título de la canción que se escucha, Cryptic sorrow (Tristeza críptica) del estadounidense Kevin MacLeod, acompaña el tono del documental Uruguay Natural, desastre en el mar.

Publicado en YouTube en octubre, el documental de casi nueve minutos de duración denuncia la muerte masiva de pingüinos de Magallanes en toda la costa Este del país, que comenzó en 2011 sobre esta misma fecha.

“Las autoridades solo reconocen que entre 600 y 800 pingüinos de Magallanes murieron en costas uruguayas y atribuyen las muertes a ‘causas naturales’. Pero la realidad demuestra que se ha ocultado información, ya que la cifra de animales muertos supera los 3 mil y, según otras fuentes, más de 10 mil habrían muerto entre mayo y agosto de 2011”, indica la descripción del video, producido por Medios de Comunicación Alternativa para apoyar a la Sociedad para la Conservación de la Biodiversidad de Maldonado (Socobioma).

En estos días, siete pingüinos llegaron a Socobioma, la organización con sede en El Jagüel, mientras que S.O.S. Rescate de Fauna Marina, ONG ubicada en Punta Colorada, ya tiene diez animales en rehabilitación.

“Estamos en la fecha neurálgica”, dijo Richard Tesore, encargado de S.O.S. Rescate de Fauna Marina. Si bien hubo días en que la ONG fundada hace 20 años llegaba a recibir hasta 50 animales en una jornada, lo que sucedió el año pasado los tiene en alerta.

“Durante 15 días, en algunas zonas aparecía un animal muerto cada 30 centímetros”, contó Tesore. Por si esto fuera poco, la mayoría de los que recogían con vida, morían en el transporte. “Era una situación difícil porque no había con quién hablar”, afirmó.

Lourdes Casas, veterinaria integrante de Socobioma, contó que 94% de los pingüinos eran juveniles, sin rastros de hidrocarburos y en su mayoría en buen peso.

Sin embargo, desde el gobierno se adjudicó el origen de las muertes a la falta de alimentación, contó. Pero, los animales llegaban a estar entre 10 y 15 días con alimentación intensa y aun así fallecían.

Y agregó que justo en 2011 lograron ahorrar parte de los US$ 1.500 que gastan por mes cada invierno para alimentar a los pingüinos, porque los pescadores les regalaban parte de sus presas.

“Lo que es claro y decepcionante es que no tenemos un sistema de diagnóstico para enviar las muestras”, dijo Casas. Es por eso que decidieron mandar muestras de vísceras y plumas a un laboratorio en Brasil, de donde esperan los resultados.

De hecho, dijo la veterinaria, en dicho país están haciendo estudios para medir los pesticidas en el hígado de los pingüinos y usar al animal como indicador de contaminación ambiental.

Para Casas: “Fue muy serio y no hubo una respuesta científica. Tenemos miedo de que vuelva a pasar”.

Más especies
El año, según cuenta Casas en el documental, no solo fue letal para los pingüinos. En el verano la ONG Karumbé recibió más de 100 tortugas para recuperar y, al llegar el invierno, más de diez ballenas de diferentes especies vararon en costas uruguayas. Además, aparecieron aves marinas con síntomas de problemas neurológicos.

La voz pausada, casi lúgubre del narrador del documental adjetiva a 2011 como “trágico” para las especies marinas y sentencia: “Uruguay Natural, así se llama a Uruguay para promoverlo ante el mundo. Sin embargo, los hechos demuestran que Uruguay está muy lejos de ser un país natural”.