Visité El Salvador antes de que fuera el gran infierno que es hoy, aunque ya entonces, casi 20 años atrás, ya era un infierno en rápido in crescendo. Nada que comienza mal puede terminar mejor. Una tarde, cuando caía el sol, estando en un hermoso hotel en un barrio residencial de San Salvador, decidimos, con un escritor argentino y su esposa, salir a dar un paseo por las inmediaciones. Un guardia fuertemente armado en la puerta nos dijo que era una mala idea, porque las maras (pandillas) "buscan gente para secuestrar".
La verdad de Layera, las maras salvadoreñas y los avestruces que esconden la cabeza
La delincuencia en Uruguay se acerca cada vez más a la realidad centroamericana