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Al llegar a Colombia los locales suelen hacer ciertas recomendaciones para que el visitante no corra peligro. No caminar por determinadas zonas y tomar medios de transporte seguros son algunos de los consejos que los extranjeros suelen tener muy en cuenta. Sin embargo, por no llegar tarde a un programa televisivo Pablo Melo –el ex zaguero de Cerro y Nacional– se apuró, tomó un taxi en una zona no recomendada y terminó sin dinero y con un revólver en la cabeza. Fue secuestrado por una hora y le hicieron “el paseo millonario”.

“Me tuvieron entre 40 minutos y una hora dando vueltas. Siempre con los ojos cerrados y amenazándome. Me decían que si me hacía el vivo, me mataban. Después, a medida que fue pasando el tiempo se fueron calmando”, contó Melo a El Observador.

El futbolista, que actualmente milita en América de Cali, estaba invitado a la presentación de un programa televisivo junto a algunos compañeros del club. En horas de la tarde, se dirigió al centro comercial Unicenter, ubicado a unas 20 cuadras de su casa a comprarse ropa. Cuando faltaba media hora para encontrarse con uno de sus compañeros optó por tomarse un taxi fuera de las instalaciones del shopping.

“Acá se manejan con unos taxis que paran adentro del shopping que son los más seguros. Y afuera hay otra fila de coches que ya son más complicados y con los que hay que tener cuidado. Fui a tomarme uno de los taxis registrados y había como 25 personas haciendo fila. Como estaba apurado, salí y tomé uno de los 50 que había afuera. No había nadie más esperando por un coche”, comentó.

En cuanto se subió al vehículo nada le pareció extraño: el conductor estaba realizando el mismo trayecto que realiza Melo habitualmente. Tampoco hizo ninguna llamada ni habló por radio. Sin embargo, cuando solamente faltaban dos cuadras para llegar al domicilio, fue interceptado por los delincuentes.

“El tipo empieza a ir despacito y mirando para los costados. De repente me dice: ‘Estos nos van a robar’, ¡y frena! Los tipos ni siquiera se pusieron delante del auto para hacernos parar. Se entregó. Subió uno adelante y me apuntaba con un fierro en la cabeza. Atrás subió otro que me metió para abajo del asiento. La verdad fue un momento complicadísimo. Me revisaron... estaban nerviosos los locos. Me sacaron la billetera, la plata (unos $ 10.000 uruguayos), la ropa que había comprado y el celular. Ahí pensé que ya estaba, ya me habían sacado todo. Pero no me largaban”, contó.

El secuestro fue el viernes pasado y aún no volvió a salir de su casa por su cuenta, salvo a entrenar y jugar. Una de las principales preocupaciones del jugador fue que también se llevaron las llaves de su apartamento. Lo consultaron sobre su nacionalidad y le preguntaron qué hacía viviendo en Colombia. Por miedo a que quisieran llevarlo a su departamento para robarle, Melo mintió y dijo que vivía con un amigo, cuando en realidad vive solo.

“El del taxi era un actor. Decía que no tenía el celular, que no le hicieran nada. Unas ganas tenía yo de matar al taxista... ¡me dio una impotencia!”, dijo aún indignado por lo sucedido. “Me empujaron y apretaron. Me apuntaban a la cabeza y a la rodilla. Es un momento muy complicado, porque no sabés cómo podés llegar a reaccionar y ellos qué pueden llegar a hacer. Traté de estar lo más tranquilo posible”

Igualmente, Melo también intenta rescatar algunos aspectos no tan negativos de la situación, que podría haber sido mucho peor. En la billetera le encontraron una tarjeta de un banco ecuatoriano que el jugador portaba sin ninguna utilidad porque ni siquiera está habilitada. Los delincuentes no le creyeron en el momento y Melo los invitó a bajar, inventó un pin para que intentaran retirar dinero. Finalmente le creyeron y no fue necesario. Hace un mes que tiene pronta su cuenta bancaria y tiene que retirar la tarjeta de débito. Se fue retrasando y a pesar de que piensa en ir cada lunes, lo fue postergando. “Son las cosas del destino... si tenía la tarjeta del banco se quedaban conmigo hasta vaciarme la cuenta”.

Las risas y burlas de los compañeros llegaron después de que Melo relatara el final de la historia. Después de dar vueltas en la calle, le anunciaron que lo dejarían en un lugar no muy lejano de donde estaban al comienzo y que no era una zona de riesgo.

“Me sacaron toda la plata y me devolvieron las llaves. Me apagó el celular, me dio el chip y me dieron $ 5.000 pesos (unos $ 50 uruguayos) para el taxi. Cuando me bajaron me acerqué a una señora y le pedí que me llamaran un taxi. Me lo tomé y cuando llegué a mi casa, ¡costó $ 5.000! Increíble”.