El título conseguido el domingo en el ATP de Róterdam, en cuya final demostró la categoría de jugador que es, sirvió para que el suizo Roger Federer, dueño de un sinnúmero de récords, mostrara que sigue tan vigente como en sus años dorados. Si no fuera porque es un poco mayor que los que batallan por ser los mejores del planeta y su dolencia en la espalda que cada tanto lo tiene a maltraer, su tenis le sería más que suficiente para destronar al poderoso serbio Novak Djokovic y al incansable español Rafael Nadal, primero y segundo en el ranking mundial, respectivamente.
La vigencia de un grande
Roger Federer es dueño de una carrera brillante y de un juego solo para exquisitos