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El título conseguido el domingo en el ATP de Róterdam, en cuya final demostró la categoría de jugador que es, sirvió para que el suizo Roger Federer, dueño de un sinnúmero de récords, mostrara que sigue tan vigente como en sus años dorados. Si no fuera porque es un poco mayor que los que batallan por ser los mejores del planeta y su dolencia en la espalda que cada tanto lo tiene a maltraer, su tenis le sería más que suficiente para destronar al poderoso serbio Novak Djokovic y al incansable español Rafael Nadal, primero y segundo en el ranking mundial, respectivamente.

Mientras Djokovic recibió la semana pasada la Orden de la Estrella Karadjordje de primer grado, máxima distinción en su país, y Nadal hace su aparición con Bar Refaeli en la edición 2012 de Sports Illustrated en Traje de Baño, el suizo sigue cosechando títulos.

Seguramente en el año de su retiro, Federer sueña con alcanzar una vez más la cima de la clasificación de la ATP para igualar o superar al estadounidense Pete Sampras en cantidad de semanas en el lugar de privilegio. Con 285 semanas como todopoderoso, tan solo le faltó una para alcanzar al gran Pete.

La última exhibición de Federer fue en la final del domingo frente al argentino Juan Martín del Potro, número 10 del ranking ATP. Si bien no tuvo una buena semana, al llegar a la final se puso el traje de campeón y demostró que le sigue quedando muy bien. Apeló a toda su técnica, a su sapiencia, a una lectura del juego impecable y a una planificación tan majestuosa como su ejecución. Federer sigue demostrando que se sigue viendo como número uno del mundo.