ver más

Son fotografías tomadas en las calles de Montevideo entre diciembre de 2011 y diciembre de 2012 por Macarena Pérez Perera, una diseñadora industrial con formación en arquitectura y pintura. El Montevideo que se revela en sus 220 páginas es futurista, pop, inquietante, amenazador, esperanzado, cinematográfico, delirante, monstruoso y hasta realista. Se integra con la arquitectura que le sirve de soporte o se expresa a su pesar; cuestiona a los habitantes de la ciudad, que responden con desdén o admiración o rechazo.

El registro es una idea editorial. Fue un encargo que la autora recibió de Miguel Lambre, un editor argentino que hizo esa experiencia en Buenos Aires y quiso replicarla en Montevideo. Lambre es uno de los socios de Editorial Pomaire, que lanzó el sello Zeruko Books con este libro fotográfico que, hay que decirlo, está muy bien. Provoca un deseo inmediato de dar un largo paseo por la ciudad para ver los originales de esas imágenes que lucen tan provocativas en el libro.

Aunque ese paseo, según se advierte en el prólogo que escribe Pérez Perera junto a Laura Caorsi, puede ser sorpresivo, porque una característica esencial de ese “lienzo de piedra” que son los muros de la ciudad, es que es efímero. Las obras de los muros cambian, se blanquean y hasta se derrumba el soporte. “Me pasó que fui a sacar el mismo muro otra vez, porque no me había convencido la foto, y la pintura ya no estaba”, ilustra la autora.

En un principio Pérez Perera salió con su cámara Lumix DMC-FZ1500 a sacar las paredes que conocía y los barrios donde el arte urbano florecía como en una eterna primavera, como Palermo, Parque Rodó y Sur.

Después empezó a relacionarse con los artistas, a través de Facebook, y en algún caso llegó a registrar la pintura en acción, aunque esto último no figura en este volumen y tal vez sea parte de otro trabajo, porque hay mucho material que quedó afuera y el movimiento de arte urbano en Montevideo da para más.

Los artistas permanecen anónimos, como es tradición de la estética del graffiti, y en muchos casos las pinturas están destinadas a desaparecer en muy pocos días. Así sucede con esas pintadas, a veces épicas, que se hacen en paredes a punto de ser demolidas. Lamentablemente, Montevideo ofrece innumerables oportunidades de ejercer ese arte mural fugaz.

Tienen un interés especial las obras que se adaptan a la arquitectura, en las que puertas y ventanas a la calle forman parte de la tela. “El muro es un soporte, sí, pero también es una sugerencia”, se explica en el prólogo.

El libro es una especie de catálogo de una exposición colectiva en una galería de arte al aire libre, desde el Cerro hasta Carrasco.