Alguien podría pensar que la posición de extranjero del escritor argentino residente desde hace casi 25 años en Montevideo, Carlos María Domínguez, lo coloca en una situación más confortable que la del resto de sus colegas, a lo mejor por esa condición ajena acreditable en la popular frase “yo, argentino”.
La voz de un narrador incómodo
Carlos María Domínguez acaba de publicar La breve muerte de Waldemar Hansen, una novela que explora una amistad, dispara un suicidio y una investigación que va de la Ciudad Vieja a Minas de Corrales