Casi todas atravesaron la barrera de los 60 años (algunas mejor llevados que otras) y supieron brillar en las pantallas del mundo entre las décadas de los ‘80 y los ‘90. Conformaron un selecto grupo de actrices de elite que dominaron la escena cinematográfica por casi veinte años en casi todos los géneros, y ganaron (o fueron nominadas) los principales premios internacionales, cuando estaban en el pico de edad creativa, entre los 30 y los 40 años.

“¿Ubi sunt?”, se decían los romanos cuando extrañaban a alguien. “¿Dónde están?” Algunas de ellas son, por ejemplo, Diane Keaton, Susan Sarandon, Sigourney Weaver, Glenn Close, Jessica Lange, Sissy Spacek, Sally Field, entre otras.

Hoy, si bien no están “en la lona”, ya que se mantienen más o menos en actividad participando en películas en general menores, la edad y la conformación de la industria de Hollywood las ha dejado al costado del camino, algo que no sucede en los hombres: sus compañeros de generación siguen estando todavía en la cima.

Es cierto que hay honorables excepciones. Helen Mirren es el caso más notable: una actriz con una larga carrera que explotó recién, justamente, a los sesenta años, obteniendo el Óscar por La reina.

Otras, como Anjelica Huston y Meryl Streep, han tenido más suerte y se han mantenido en una actividad mayor. Pero para la gran mayoría la curva para descender es sin levante.

El drama se produce no solo en las carreras de estas actrices –Diane Keaton declaró poco después de tener el protagónico en Alguien tiene que ceder que se le complicaba conseguir roles para su edad– sino en los espectadores, que se pierden de apreciar a enormes artistas. Algunas se refugian en el teatro, como si estos fueran una especie de boxes, esperando mejor oportunidad para volver a salir a la pista grande. A veces, esa oportunidad demora mucho en presentarse.

En algunos casos, la última fuga se produce hacia la pantalla chica, como en el caso de Glenn Close, que desde 2007 está al frente del elenco de la serie del canal Sony Damages.

Kathleen Turner arrasó tanto en comedias como La joya del Nilo y Dos bribones tras la esmeralda perdida, como en dramas (El honor de los Prizzi, la mejor lejos), pero luego desapareció de Holywood y se refugió en las tablas de los escenarios de teatro de Nueva York.

Geena Davis, compañera de ruta de Sarandon en Thelma & Louise, una actriz que a principios de los ‘90 pintaba con gran futuro, lo único que ha filmado en la última década es la secuela de tres película del ratoncito Stuart Little. El tiempo pasa y Hollywood no perdona, porque tampoco los guionistas escriben para actrices en esa franja de edad.

La cédula en el escenario
Quizás sea solo el cumplimiento de la ley de la jungla de celuloide. O como sucede en las colmenas de abejas: cuando la reina deja de producir la cantidad suficiente de huevos, porque ya está vieja, las nodrizas deciden alimentar una pupa que será reina. Este reina joven se mete en la cámara nupcial y asesina a la reina vieja.

Si los estudios fueran las nodrizas, las reinas jóvenes que desplazaron a la vieja guardia son la nueva camada de actrices que se han destacado en el nuevo milenio: Charlize Theron, Natalie Portman, Scarlett Johansson, Penélope Cruz, Hillary Swank, Kate Winslet, Reese Witherspoon, entre otras. Ya en 1950, la cara arrugada y decadente de Gloria Swanson, desde El ocaso de una vida le hacía un guiño trágicómico a esta generación que hoy se enfrenta a una situación similar a la que vivía aquella gran estrella del cine mudo.