ver más

Cuando el rey Enrique VIII rompió con la Iglesia en Roma, cerró los monasterios de Inglaterra. Cuando Fidel Castro asumió el poder en Cuba, hizo lo mismo con los casinos de La Habana. Así que cerremos las escuelas de negocios para ponernos a tono con el espíritu del nuevo orden financiero.

En los últimos 20 años, las fábricas de másteres en dirección de empresas (MBA) han creado las condiciones que contribuyeron al desastre en el que se encuentra la economía mundial en la actualidad. Legitimaron un enfoque seudocientífico de las finanzas que resultó ser falso, promovieron un estilo gerencial que era demasiado mecánico y formaron una elite directiva más interesada en las recompensas que en producir riqueza duradera para las economías en las que opera.

El crecimiento de las escuelas de negocios es claro, especialmente al tiempo que la economía se contrae y que los banqueros desempleados buscan ser más calificados. Las solicitudes a programas de MBA en 2008 crecieron al ritmo más veloz hasta el momento, según Graduate Management Admission Council en McLean, Virginia.

El problema es que el último grupo de graduados en dirección de empresas que subieron a la cima armaron tal desastre que es difícil creer que los próximos lo harán mucho mejor.

La gente que hizo que la economía mundial se estrellara contra las rocas en el último año ha tenido la mejor educación que el dinero pueda comprar.

Ex alumnos famosos

Richard Fuld, responsable ejecutivo de Lehman Brothers Holdings Inc. cuando esta cayó, tiene un MBA de la Universidad de Nueva York. John Thain, ex responsable ejecutivo de Merrill Lynch & Co., es graduado de la Escuela de Negocios de Harvard. Christopher Cox, ex presidente de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC), tiene un MBA de la Universidad de Harvard, igual que el ex presidente George W. Bush.

Las cosas no están mucho mejor en Europa.

Andy Hornby, responsable ejecutivo del banco británico HBOS Plc, es otro ex alumno de la Escuela de Negocios de Harvard. HBOS tuvo que ser rescatado en una fusión con Lloyds Banking Group Plc y entonces ambos tuvieron que ser rescatados por el Gobierno del Reino Unido.

Peter Wuffli, que como responsable ejecutivo presidió las enormes pérdidas que llevaron a UBS AG de Zúrich al borde del desastre, estudió administración en la Universidad de San Galo en Suiza.

Naturalmente, es injusto atribuir toda la culpa a las escuelas de negocios. En los últimos treinta años, un grado de MBA ha llegado a ser sólo otro título más, un obstáculo que debía ser superado en el camino a conseguir un buen empleo en Wall Street, o en los centros financieros de Londres o Zúrich. Si estudiáramos los registros, probablemente encontraríamos que la mayoría de los responsables ejecutivos que nos llevaron a la crisis también pintaban con los dedos en el preescolar, y sería erróneo atribuir a eso la crisis crediticia.

Líderes despistados

Aun así, genera dudas sobre lo que las escuelas de negocios enseñan, y cómo se las arreglaron para crear líderes incapaces de detectar los fallos de las empresas que dirigían. Si una escuela de vuelo produjera este número de accidentes, estaríamos haciendo algunas preguntas. No hay razón por la que los estudios de negocios deban estar exentos del mismo tipo de escrutinio.

A las escuelas se les debería pedir que dieran explicaciones sobre varias cosas.

Primero, alentaron un enfoque cuasi científico de los negocios, y afirmaban que todo podía explicarse en un libro de texto. Predicando un conjunto de fórmulas, alentaron a los estudiantes a creer que dirigir una compañía era un arte que cualquiera podía dominar. Todo el sector de capital riesgo se basa en ese principio. Y también el de fusiones y adquisiciones.

Destreza adquirida

En realidad, la administración es una destreza que se adquiere con la experiencia, el juicio y la intuición. Se está a punto de desperdiciar miles de millones en reaprender una sencilla verdad que nunca debió haberse olvidado.

Segundo, las herramientas intelectuales que nos llevaron a la crisis financiera fueron inventadas principalmente por el mundo académico. Complejos modelos sobre riesgo de precios crearon el mercado de los contratos de opciones y derivados que han ocasionado tantos problemas en el último año.

Las escuelas de negocios tomaron algo que era misterioso e inescrutable --el riesgo-- e intentaron volverlo tan fácil como contar guisantes en un cuenco. Al hacerlo, alentaron a toda una generación de jóvenes a entrar en la banca de inversión armados con la creencia de que dominaban el riesgo, de que había sido domado y controlado.

La verdad, naturalmente, resultó ser distinta. Los banqueros no pueden controlar el riesgo más de lo que los marineros pueden domar los océanos. Todo lo que pueden hacer es encontrar una forma de protegerse de él.

En tercer lugar, las escuelas crearon una elite directiva que actuaba como una casta aparte. Una de las razones por las que la cultura de los sobresueldos se salió de control fue que muchas de las personas involucradas quedaron atrapadas en una burbuja. Pensaban que los sobresueldos “garantizados”, los aviones privados y los pagos de miles de millones de dólares eran cosas normales. Ese proceso comenzó en las escuelas de negocios.

Sin duda, en el próximo año se hablará mucho de que las facultades de negocios se están reorganizando. Veremos muchos estudios y propuestas, y probablemente unas cuantas ecuaciones, que explican cómo evitar que la crisis del crédito ocurra de nuevo.

Pero como Enrique VIII y Castro concluyeron, por distintas razones, algunas veces una institución es insalvable. No se la puede corregir, por la sencilla razón de que ella misma es el problema.

Hay que cerrarlas.

Temas:

Económico