ver más

Hace 40 años que se compró un taxi y hoy está jubilado, pero a veces, recuerda viejos tiempos y aprovecha para salir a trabajar, ya que los peones que tenía, también se jubilaron.

Rodolfo Ariel Sandoval tiene una historia que contar. Es parte del acervo del fútbol uruguayo, parte importante de Peñarol, con el que le cortó el segundo quinquenio a Nacional y consiguió el tricampeonato uruguayo en 1973,1974 y 1975. Todos los amigos lo conocen por Ariel.

El taxi, ese que siempre lo dejó bien parado, también le generó algunos inconvenientes.

Ariel Sandoval con su amigo, Fernando Morena, cuando este fue homenajeado con su estatua en el Estadio Campeón del Siglo en octubre de 2020

“Hace un año levanté a las 7 de la mañana en el Montevideo Shopping a dos muchachos. Al rato, uno sacó un revólver y me lo metió en las costillas: ‘Dame la plata’, me dijo y yo le contesté: ‘¿Qué plata hermano? ¿No ves que recién salí a laburar y no tengo nada?’. ‘¡Dame la plata porque te tiro!’, me gritó. Cuando vi que había gente en la calle, yo que soy un anormal, aceleré y paré donde estaba toda esa gente. Se ve que de alguna manera se asustó y se fue con su compinche corriendo. Después, mi hijo menor, de 28 años, se enteró y me quería matar”, cuenta Sandoval a Referí.

Vivió una niñez difícil luego de nacer en el Cerro de Montevideo. Es que apenas a los dos años murió su papá, Juan René, a quien había adoptado una familia de Flores y le dio su apellido. Tuvo peritonitis y como era militar, lo llevaban hasta el Hospital Militar para intervenirlo quirúrgicamente, pero murió en el camino. Por lo tanto, lamentablemente no lo recuerda.

Celina, su madre, se hizo cargo de los tres hijos solo con una pensión y tenía tíos que los ayudaban. “Nos hicieron una casita atrás de la cancha de Juventud de Las Piedras. Hasta hoy se ve el ranchito. Cuando voy o veo por la televisión, se ve atrás de uno de los arcos. Me crié en la esa cancha, me metía por debajo del alambrado. Mamá después tuvo otra pareja y nos fuimos a vivir a Canelones. Pero al poquito tiempo se murió y yo seguía siendo un niño”. Por eso, pese a haber nacido en Montevideo, él se siente canario.

Foto: Leonardo Carreño. Sandoval recordó pasajes de su vida dentro y fuera del fútbol

No eran pobres, pero no les sobraba nada. “Iba con un pedazo de pan a la escuela y a veces, con dulce de membrillo. Jugaba en la escuela y vendía bizcochos de la cantina. Mis compañeros me compraban y si les vendía, me ponían en el equipo. A su vez, yo me comía esos bizcochos que ellos me compraban y me los dejaban”.

Jugaba al baby fútbol en Tres Estrellas de Canelones “y yo no tenía para comprar championes, me los daba un señor. Alternaba en el medio y quedé en la selección de juveniles de Canelones”, recuerda.

Fue a la Escuela Industrial en la capital canaria y aprendió electricidad. “Después trabajé con un vecino haciendo cosas de electricista. También me iba a repartir carne en bicicleta, por la Ruta 5 vieja y hacía kilómetros en bicicleta. Me pagaban $ 3 y dos costillas por el reparto. A su vez, hice la instalación de los caños sanitarios de la Coca Cola de Canelones”.

Nada menos que el profe José Ricardo De León, gloria de Defensor de 1976, lo vio jugar y le dijo que viniera a Montevideo para probarse en la Quinta división de Nacional que él dirigía entonces. “Estuve una semana en el Parque Central, me dieron un viático, pero después no me llamaron. Recuerdo que estaba (Ildo) Maneiro. Después fui a Peñarol que entrenaba en la cancha de Fantasma, en Propios y Rivera, pero tampoco quedé”.

Foto: Leonardo Carreño. Sandoval fue homenajeado por Wanderers de Santa Lucía

Siguió jugando en Canelones y mientras lo hacía para Sporting, un equipo de barrio, ya fuera del baby, ante Racing en la cancha de Liverpool de Canelones, dirigentes de los de Sayago lo vieron. “Quisieron ir a hablar con mi madre y que me subiera con ellos al auto, que me llevaban. Les dije que no me subía y fueron las 15 cuadras detrás de mí, que iba caminando hasta casa”.

Entonces lo contrató Racing. El tema era otra vez el económico. No siempre tenía dinero para venir a entrenar a la capital, pero tenía amigos o gente conocida. “No tenía plata para los boletos. Me paraba en la ruta y pasaban los camiones lecheros para Montevideo. Varias veces me llevaron. Cuando tenía algún mango, viajaba en tren y me bajaba en la estación Sayago”, dice.

Nada menos que Juan Eduardo Hohberg fue quien lo hizo debutar en Primera división luego de haber jugado en la selección uruguaya juvenil de 1967, tenía 19 años. “’Gaucho, ¿usted se anima a jugar en Primera?’, me preguntó. Obvio que le contesté que sí y jugué contra Rampla. Me tocó marcar al argentino Amancio Cid y a los 10 minutos, lo tiré para afuera de la cancha. Dio contra el alambrado y el juez era Esteban Marino. ‘La próxima, te vas para afuera’. No le pegué más y les ganamos”.

Ariel Sandoval en Racing; arriba, Sandoval, Walter Corbo, Roberto Gil, Juilo Catalogne, Ricardo Soria y Carlos Guarroz, abajo, Domingo Pérez, Luis Pereira, Luis Díaz, José "Pepe" Sasía y Nelson Presente

Ahí en Racing se hizo de muchos amigos dentro y fuera de la cancha. Un hermano de la vida es Hamlet Tabárez, primo hermano del Maestro Óscar Tabárez.

“Cuando jugaba en la Quinta de Racing y era un botija de 16 años, como muchas veces no tenía plata para volverme a Canelones, me quedaba en la casa de Hamlet Tabárez. ‘Canario, vos te quedás en mi casa’, me decía. Fue un hermano de la vida”, cuenta.

Y recuerda una anécdota que vivió con él, años después. “Luego de algunos años, él jugaba en Venezuela y volvió a Uruguay en plena dictadura. Él era del Frente (Amplio), pero nunca estuvo en nada fuera de la ley. Un día me dijo: ‘Ariel, me tenés que llevar a la casa de Óscar (Tabárez) que vive en el Cerro en unas viviendas. Vamos a tomar mate’. Llegamos y ni el Maestro ni nosotros teníamos fósforos para prender el primus. Hice chispa con un fierro y pudimos prenderlo y tomamos mate. Ahí, llamaron a Hamlet de Inteligencia y Enlace. Me comentó: ‘Dicen que me tengo que presentar en la calle Maldonado para declarar’. Y le dije: ‘Quedate tranquilo que tengo un amigo, el comisario De Souza, que es de Peñarol’. Me presenté en el mostrador y pregunté por él, se acordó de mí, y le expliqué. Hamlet declaró, pero De Souza convenció a los militares que él estaba en Venezuela y que no tenía nada que ver con nada, si no, lo metían en cana. Y lo que son las vueltas de la vida: con el paso de los años, una de las hijas del Maestro, fue maestra de mi hijo Facundo”.

Foto: Leonardo Carreño. Sandoval recordó cómo marcaba a Spencer, cuando él comenzó en Racing

Pepe Sasía fue otro de sus amigos de Racing. Y se venía un rival complicado, un centrodelantero histórico como Alberto Spencer y Peñarol.

“Vino el Pepe y me dijo: ‘Canario, yo jugué con Spencer. Es un fenómeno. No vas a poder con él, ni vos ni nadie. ¿Sabés cómo tenés que hacer para marcarlo? Cuando venga un córner, pegátele bien al lado, no lo dejes mover. Y cuando vaya a saltar, bajale el short y lo desconcentrás’. Dicho y hecho. En tiempos en los que el VAR no existía y a veces los árbitros no veían cosas, además de que los shorts casi ni se ataban, lo hice y llegué a tener cierto éxito ante un monstruo del área como era Spencer”, cuenta.

Pero también lo hizo con otro ’9’ muy bueno que tuvieron los aurinegros y también la selección uruguaya: Ángel Ruben Cabrera.

“A él se lo hice dos veces y la tercera, me pegó tremendo piñazo. Enseguida apareció el Pepe para defenderme: ‘¿Le pegaste al botija? Ahora, cuando termine el partido, te voy a buscar al vestuario y te rompo todo’, le dijo Pepe, quien también había jugado con él en Peñarol. Pepe, me llevaba a todos lados con él. Tenía un supermercado y laburaba mucho. Era un fenómeno. Recuerdo además que en ese equipo de Racing también jugaba conmigo Domingo Pérez, otro grande.

El 25 de setiembre de 1966 vivió un hecho insólito en el Estadio Luis Tróccoli -inaugurado dos años antes- enfrentando con Racing a Cerro.

El día que en el partido entre Cerro y Racing de 1966 en el Estadio Luis Tróccoli que terminó con el arco roto y se suspendió el encuentro, Ariel Sandoval jugó con los de Sayago

Su compañero Carlos Beauxis anotó un gol y quien inició la jugada, Héctor Farías, se colgó de la red, rompiendo el palo derecho del arco que se vino abajo.

“Farías se colgó para festejar el gol y se cayó el arco. Se suspendió el partido y tuvimos que jugar el martes siguiente el pico. Lo ganamos igual 1-0”, dice.

Su gran periplo por Peñarol

Su buen rendimiento en ese club, llevó a que Peñarol se interesara en contar con él.

Así lo recuerda: “En 1969 fui elegido el mejor central por algunos diarios, y Peñarol me fue a buscar. (Washington) Cataldi me pidió y Racing me vendió cuando volví de jugar con la selección uruguaya el Mundial de México de 1970.

Cuenta que jugó con Tito Goncalves poco antes de su retiro, producido en noviembre de 1970.

Foto: Leonardo Carreño. Uno de los primeros equipos que jugó en Peñarol; Sandoval aparece entre medio del arquero Walter Corbo y de Roberto Matosas

“Jugué con él de 5 y yo de 4. Roque Máspoli me puso ahí, aunque mi primer técnico en Peñarol fue el brasileño (Oswaldo) Brandao. Estaban (Elías Ricardo) Figueroa y (Roberto) Matosas y no tenía chance de jugar en la zaga central. Después que se fue Matosas, pasé yo de ‘2’ y Figueroa de ‘3’. Éramos amigos y compartíamos la pieza en la concentración. Un día le dijo a Máspoli que yo siguiera de ‘2’ pero que él no quería de ‘3’ porque no se adaptaba. Entonces Máspoli lo puso de ‘2’ y a mí me mandó al banco (se ríe)”.

Foto: Leonardo Carreño. Sandoval en otra formación de Peñarol, ya con Fernando Morena en el equipo; Ariel es el primero desde la izquierda

Y agrega: “Figueroa tenía una pinta bárbara y cuando nos íbamos de gira por el exterior, se escapaba de noche. Yo ponía dos almohadas en su cama, y venía Máspoli a revisar si estaba todo bien y yo le decía que estaba durmiendo. Volvía de madrugada, y al otro día era el mejor de la cancha. Tenía un físico privilegiado”.

Dice que “Brandao utilizaba mucho la psicología para llegarle al jugador. Subíamos al ómnibus en Los Aromos para ir a jugar al estadio y él sabía que los muchachos (los jugadores) fumaban adentro. Entonces, el tipo abría una caja de cigarrillos e invitaba a todos los que quisieran. Era un buen técnico”.

Foto: Leonardo Carreño. Ariel Sandoval previo a un partido de Peñarol

Estuvo a la orden, pero no jugó el clásico del bochorno de la Copa Montevideo de febrero de 1971, cuando Nacional se quedó con seis hombres a los 53 minutos cuando perdía 2-0 y se terminó el partido. Fue la misma noche en la que Juan Martín Mugica, había fracturado al yugoslavo Ilija Petkovic que vino solo a jugar esa copa. Sin embargo y más allá de lo fuerte del patadón, el lateral izquierdo tricolor no fue expulsado en ese momento.

Así lo recuerda Sandoval: “Cuando empezó el segundo tiempo, se hicieron echar dos de ellos (Julio Montero Castillo y Juan Carlos Blanco) y se retiraron. El Pulpa Etchamendi -quien era el técnico de Nacional- le tiró una piña a Máspoli, que era más bueno que el pan. Y Máspoli no se quedó quieto. Yo era muy joven y estaba muy sorprendido”.

Un equipo de Peñarol en 1973: arriba, Omar Caetano, Walter Corbo, Rodolfo Sandoval, Alfredo Lamas, Hugo Fernández y Mario González; abajo: Daniel Quevedo, Julio César Giménez, Fernando Morena, Ramón Silva y Mario Liuzzi

En 1973, empezó lo mejor para Ariel en Peñarol. Llegó Fernando Morena y con él, los goles y los títulos.

“Cuando vino Fernando, empezamos a ganar todos los partidos porque siempre hacía algún gol. El equipo funcionaba. Jugué contra Nacional el día del primer gol de Fernando en los clásicos, el 2 de diciembre de 1973. Salimos campeones, dimos la vuelta, y terminamos con la posibilidad de que ellos consiguieran el segundo quinquenio, algo que sí logró Peñarol años más tarde”, explica.

Y añade: “Lo que tenía el Hugo Bagnulo era que, si le respondías, él te mantenía en el equipo. Me puso de capitán durante un buen tiempo”.

Foto: Leonardo Carreño. Sandoval como tapa de revista con la camiseta de Peñarol

Otro de los recuerdos que atesora fue el día del récord que Morena le arrebató al Tigre Pedro Young en 1975, el cual databa de 1933. Young había anotado 33 goles y nunca lo habían superado.

“Recuerdo ese día del récord de Fernando ante Liverpool que, con su gol, llegó a 34. Al final del partido, entró el Tigre Young y Fernando le regaló su camiseta”, dice.

Y cuenta cómo se celebraban los títulos uruguayos de entonces.

“No se festejaba como ahora. Yo daba la vuelta olímpica y me iba para mi casa que entonces era en Malvín, en Almería y Yacó”.

Un equipo de Peñarol que integró: arriba: Mario Zoryez, Rodolfo Sandoval, Walter Corbo, Nelson Acosta, Hugo Fernández, Mario González; abajo: Daniel Quevedo, Julio César Giménez, Fernando Morena, Ramón Silva y Alberto Santelli

Admite que el jugador más complicado de marcar era Luis Artime, “porque más allá de ser un gran jugador, ligaba mucho, estaba en el área chica, le rebotaba la pelota en el palo y anotaba goles. Me tocó más ganar que perder en mi época. No era un fenómeno, pero era fuerte y anduve bastante bien”.

En 1974, poco después del Mundial de Alemania en el que surgió “La naranja mecánica”, un equipo espectacular de Holanda que destruyó a casi todos sus rivales -incluyendo a Uruguay- con Johan Cruyff a la cabeza, y que perdió la final 2-1 ante el dueño de casa, Peñarol fue a jugar la Copa Teresa Herrera a España y enfrentó de entrada nada menos que a Barcelona, que contaba con ese fenómeno y el técnico de aquel Holanda: Rinus Michels.

“Era una época en la que iban enormes equipos. Peñarol enfrentó a Barcelona que hacía poco que tenía a Cruyff y que un mes antes, venía de ser la enorme figura del Mundial de Alemania. También estaba Johan Neeskens. Le pegamos tanta patada a Cruyff y (Lorenzo) Unánue lo marcó por toda la cancha, que no lo dejamos tocar la pelota. Hice pareja con el Hugo Fernández y lo terminaron echando a Cruyff en un encontronazo con él a poco para que terminara el primer tiempo. Les ganamos y después les ganamos la final a Borussia Mönchengladbach de Alemania que, con Bayern Múnich, eran de los grandes equipos de Europa de entonces”, dice.

El equipo de Peñarol que le ganó la final de la Copa Teresa Herrera a Borussia Mönchengladbach en 1974; arriba aparecen Ariel Sandoval, Mario Zoryez, Nelson Acosta, Walter Corbo, Voltaire Garcia y Mario González; abajo, José Cruz, Julio César Giménez, Fernando Morena, Ramón Silva y Daniel Quevedo

Después se lesionó dos veces el tendón de Aquiles, y no fue a la Teresa Herrera de 1975 que también ganaron los aurinegros, transformándose así en el primer equipo extranjero en conquistarla dos años seguidos.

“Me tuvieron que operar dos veces y el Cr. (José Pedro) Damiani que ya manejaba números en el club, me dijo que me daba el pase: ‘Usted sigue lesionado y no juega nunca. Le voy a dar el pase para que se busque otro club’, me dijo”.

Ariel recuerda alguna anécdota de Los Aromos: “A (Jorge) Fossati lo teníamos loco, no jugaba nunca, siempre jugaba Walter Corbo. Yo entraba a la habitación y empezaba a hablar como el locutor del Estadio Centenario: ‘Hoy, con el número 1, Jorge Daniel Fossati’. Y el Tornillo (Milton) Viera, levantaba las sábanas, se destapaba y decía: ‘Sí, difícil que el chancho chifle’, y Fossati lo mataba a piñazos”.

El diario El Pueblo Gallego explica e informa del triunfo de Peñarol sobre Barcelona de Cruyff en la Copa Teresa Herrera de 1974

Luego de quedarse con el pase en su mano, estuvo un tiempo sin jugar hasta que un día, jugando con el equipo de la Mutual, lo vio Walter “Cata” Roque y lo llevó a Deportivo Galicia de Venezuela.

Deportivo Galicia de Venezuela en 1976; arriba, Julio César Britos, técnico uruguayo, Rodolfo Ariel Sandoval, Andrés Jiménez, Cecilio Palenzuela, José Clemente, David Mota y Luis Marquina y abajo, Alejandro González, Mauro Pérez, Roberto Bertones, Luis Watfi y Edgar Soto.

“Anduve bien luego de mi lesión. Peleamos arriba el campeonato. Luego vino Ruben Romeo Corbo y me recomendó a Monterrey, que era ídolo allí. Y me fui para allá, ahora con mis hijos y mi esposa. Me compré el primer taxi con la plata que gané allá”.

La selección y otras yerbas

Ariel cuenta que conoció, además de a Máspoli, a otros campeones del mundo del “Maracanazo” de 1950. Uno de ellos fue Óscar Omar Míguez y otro, Julio Pérez.

“Los conocí a él y a su esposa en México que él era ayudante técnico allí. Me contaba que me había visto jugar en Racing de botija. Yo lo había visto jugar en Darling de Canelones, cuando yo tenía 15 años, y no lo paraba nadie, pese a que era veterano”, sostiene.

Viejos compañeros en Peñarol se juntaron hace un par de semanas: Voltaire García, Julio César Giménez, Walter Corbo, Ariel Sandoval y Luis Villalba

Y cuenta una anécdota imperdible e increíble que le sucedió con su excompañero y amigo de Racing, Hamlet Tabárez.

“Un día, Peñarol me pagó $ 800 que era un platal, varios miles de dólares de ahora. Yo no depositaba en el banco y los guardé en una vieja lata de té y a esa lata, la puse en un placar de la cocina de mi vieja en Canelones. Cuando Hamlet Tabárez me dijo que iba a vender su apartamento en la calle Santiago de Chile, yo me interesé en comprarlo porque me estaba por casar. ‘¿En cuánto lo vendés?’, le pregunté. ‘En $ 1.500’, me contestó. ‘Yo tengo $ 800 y después te doy el resto. ¿Te sirve?’, le dije. Y él me respondió: ‘Sí, tranquilo’”, comienza explicando.

Foto: Leonardo Carreño. Sandoval tuvo una gran carrera en el fútbol

Y prosigue: “Seguí con la charla y le dije: ‘Andá a hablar con mi mamá y que te dé la plata que está en una lata de té en Canelones’. Fue y no la encontraban por ningún lado. Fueron al fondito que teníamos y luego de buscar durante un buen rato, cuando ya se estaban dando por vencidos, encontraron la lata en el gallinero debajo de dos gallinas y adentro estaban los $ 800. Javier, mi sobrino, era un niño y la había llevado hasta allí sin saber nada. Menos mal que no la perdí, si no, no hubiera podido comprarme la casa. Era mucha plata. (Se ríe)”.

Foto: Leonardo Carreño. Racing le entregó una plaqueta en 2019 con motivo de los 100 años del club

Hohberg, el mismo que lo hizo debutar en Primera división con Racing, lo llevó al Mundial de México de 1970.

En el partido contra Unión Soviética, Víctor Espárrago hizo el gol para la victoria 1-0 cuando se terminaba el alargue y salió corriendo a festejar al banco de suplentes.

“Víctor venía corriendo con todo y yo fui el primero en abrazarlo”, recuerda. Y añade: “Fue una lástima que (Pedro Virgilio) Rocha se hubiera lesionado en el primer partido. Yo siempre pensé que con él, a Brasil le hubiéramos podido ganar la semifinal”.

Aquí se puede ver el abrazo de Espárrago con Sandoval tras el gol a Unión Soviética:

El único partido que jugó fue el del tercer puesto contra Alemania Federal.

Cuando entré, no tenía ni los zapatos puestos, porque no me imaginaba que me iba a tocar. Hohberg me dijo: ‘Entrá por Maneiro y que (Atilio) Ancheta vaya de ‘9’’, a ver si hacía un gol de cabeza porque era alto. Cuando entré, tiré para afuera a Uwe Seeler, que era el capitán de ellos. Perdimos 1-0 y debimos haber ganado, porque fuimos mucho más que ellos”.

Y recuerda lo que eran otros tiempos del fútbol uruguayo, mucho más acostumbrado a ganar que a perder o a terminar en cuarto lugar, algo que fue tomado casi como un fracaso.

El Indio Walter Olivera, Ariel Sandoval y Fernando Morena, tres amigos de fierro

Así lo explica: “Cuando llegamos al aeropuerto de Carrasco, había un ómnibus de Canelones que habían alquilado unos amigos, con mi madre y mis hermanos. Llegamos a Canelones, dimos dos vueltas a la plaza, fuimos para casa, aprontamos mate dulce con bizcochos y me acosté a dormir. Cambió la historia y eso ya se vio en el Mundial de Sudáfrica de 2010 cuando más de 1 millón de personas salieron a la calle a festejar el cuarto lugar. No me parece mal, pero eran tiempos muy distintos”.

Foto: Leonardo Carreño. El rincón de los recuerdos de Sandoval en su casa

¿Y qué premios cobró Ariel y también sus compañeros por haber sido cuartos de aquel Mundial? “Cobré $ 800 que me dio Adidas por usar sus zapatos. Me ayudó para terminar de pagar el apartamento y comprar un autito. La AUF no nos dio nada”.

De Monterrey a Montevideo

Luego de defender a Monterrey de México, volvió a Uruguay.

Lo contrató Sud América que tenía en sus filas a Pablo Forlán y recién comenzaba un botija de nombre Antonio Alzamendi. “Jugué con Pablo Forlán, y me acuerdo que a Alzamendi le di un short y una camiseta usada que tenía de Monterrey para que entrenara, porque no tenía. Volaba corriendo. Cuando viene a Montevideo me llama”.

Sud América en 1977; arriba, Ariel Sandoval, Germán Daglio, Flavio Sosa, Carlos De Luca, Embert Quintas y Pablo Forlán; abajo, Antonio Alzamendi, Miguel Del Campo, Carlos Lezué, Rinaldo Martirena y Julio Acuña

Poco después, Ariel vivía frente a cancha de Alto Perú en Avenida Italia y lo contrataron de ese club para ascender a la A. “Me pagaron porque había uno que tenía plata y estuvimos cerca de ascender”.

Volvió a Racing en 1983 y perdieron sobre el final con Central Español que ascendió y el año siguiente fue campeón en la A. “Ahí me retiré”, dice.

Fue “como tres o cuatro veces presidente de la Mutual. Me llevó Hamlet Tabárez” y también incursionó como técnico.

Ariel Sandoval con su esposa, Lina Pacella, y dos de sus nietos

“Fui técnico de Villa Teresa en la C. Salimos campeones y ascendimos a la B. Y con (Fernando) Morena estuve como ayudante suyo en River, Rampla y Colo Colo de Chile”, explica.

Tiene cuatro hijos: Emiliano, Ismael y Nicolás, de su primer matrimonio, y Facundo del segundo. También tiene cuatro nietos, y una de ellas, la única niña, vive en México. Está casado con la famosa peluquera Lina Pacella. Y vive la vida. Ariel Sandoval. De profesión: futbolista.

Temas:

Ariel Sandoval